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El tema Elecciones municipales

La abstención evidencia la crisis del régimen en Chile

jueves 01 de noviembre de 2012 La libertad, aunque sea en pequeñas dosis, tiene consecuencias para los regímenes políticos representativos. Chile acaba de experimentar su propio Ensayo sobre la Lucidez, cuando un 59.1% de los ciudadanos convocados a los comicios municipales del pasado domingo se quedaron en casa.

Por Equipo Otramérica / Varias fuentes

Sebastián Piñera ha tenido que tragarse sus palabras, en dos platos. El derechista presidente de Chile había anunciado que las primeras elecciones con el voto voluntario del periodo sin dictadura militar serían las de mayor participación de la historia. Ese es el primer plato del menú postelectoral porque el 59,1 por ciento (7 millones de los 16,5 millones empadronados de forma automática) de los votantes ejercieron su derecho… a abstenerte.
El segundo plato tiene que ver con los resultados ya que, a pesar de la bajísima participación, la derecha perdió algunas de las alcaldía más simbólicas del país, incluidas Santiago, Providencia y Concepción. El oficialismo ha mantenido ciudades como Viña del Mar, Valparaíso, La Florida, Las Condes y San Bernardo. Esto, según los analistas, abre la puerta a un regreso de la socialdemócrata moderada Michelle Bachelet para competir en las próximas elecciones presidenciales de finales de 2013.

El particular Ensayo sobre la Lucidez (en referencia a la obra de José Saramago, apocalíptica para los partidarios de la democracia capitalista representativa) se evidenció en 16 mesas electorales de La Recoleta, al norte de la capital chilena, donde no se registró ni un solo voto.

Piñera, en un tono institucional reflexionó horas después sobre libertad y deberes y planteó que los partidos políticos tienen un reto: "En esta elección muchos chilenos ejercieron su derecho de no participar (...), esa es una señal de alerta que no debe pasar desapercibida ni nos debe dejar indiferentes".

 

El desencanto con el régimen

Chile vive un desencanto con el régimen representativo capitalista-liberal similar la de otros países, pero parece que el hecho de que no hubiera sanciones administrativas por no acudir a votar ha abierto la puerta a una toma de posiciones radical.

Álvaro Cuadra, de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, alertaba a los defensores del sistema de que “la abultada cifra de abstenciones (…) que supera las previsiones más pesimistas, no es un accidente ni un comportamiento caprichoso del electorado; se trata, qué duda cabe, de un inquietante síntoma político y social en el Chile actual. Es innegable que la cláusula del ‘voto voluntario’ y la expansión del padrón electoral han contribuido a que se exprese con mayor fuerza un malestar difuso ante el presente estado de cosas en nuestro país. La idea ingenua de que el voto le ganaría a la calle ha sido desmentida por los hechos. La voz de la calle comienza a reflejarse en el rito eleccionario de una institucionalidad malsana, y lo hace, paradojalmente, como silencio, ausencia y deserción”. 

Una institucionalidad malsana que ha sido retada en las calles por los movimientos estudiantiles, obreros organizados, ambientalistas o por el pueblo originario Mapuche. De hecho, la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), que había llamado a la abstención ante la falta de legitimidad del sistema, explicaba el lunes: “El descontento social, expresado en las amplias movilización, el descrédito de todas las instituciones reflejado en las encuestas, el nacimiento de los grandes movimientos sociales hoy día se ha expresado en una alta abstención”.

Los estudiantes recordaban que “la gran perdedora ha sido la clase política. Los que hemos puesto los nuevos términos del debate hemos sido los estudiantes, mapuches, trabajadores, pobladores, los ciudadanos. Los que estamos hartos de este sistema”. Sin embargo, no todas las organizaciones sociales apoyaron el llamado abstencionista de grupos como ACES y, de hecho, la popular dirigente estudiantil Camila Vallejo dijo que “este llamado a funar [boicotear] generalizado es un contrasentido para los intereses del mismo pueblo, y del mismo movimiento social”. 

Desde la institucionalidad, el economista Eugenio Rivera, aseguraba que sociedades con tanta desigualdad como Chile “no  están preparadas” para el voto voluntario y, aunque aboga por reinstaurar la obligatoriedad, reconocía que lo "más relevante aún es el desafecto estructural y creciente de la ciudadanía respecto del sistema político".

Para el sociólogo Ricardo Jiménez, del Grito de los Excluidos, “la mayoría de chilenos y chilenas siente que su voto no tiene importancia real porque ningún actor político electoral soluciona nunca los problemas que lo aquejan, carencias de salud, educación, empleo, seguridad. Y porque las políticas que importan, de institucionalidad económica y política, ya han sido decididas por otros y no existe la oportunidad de cambiarlas, no importa quién gane o pierda las elecciones, lo fundamental es inamovible. Chile es un país que crece y es ‘exitoso’ económicamente, pero nunca hay recursos del estado para salud, educación, empleo, seguridad. La injusticia es sinónimo de responsabilidad en el manejo económico. Y el sistema político está hecho para rebajar la democracia a puros formalismos que no cuestionan este dogma fundamental”. 

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