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El tema COLOMBIA

Los NN comienzan a aparecer

martes 20 de septiembre de 2011 La Silla Vacía nos explica cómo autoridades y organizaciones están tratando de hacer aparecer a los miles de desaparecidos (NN) de Colombia. Un drama que afecta a millares de familias y que se incrementó durante la arremetida paramilitar de los 90.

Por Dora Montero Carvajal / La Silla Vacía

Ante el drama de los desaparecidos en Colombia, el Ministerio del Interior, la Registraduría y Medicina Legal unieron esfuerzos para identificar entre los NN a aquellos muertos que fueron enterrados sin nombre con la esperanza de poner fin a la búsqueda de aquellos a quienes un día se llevaron y nunca volvieron. Pero lo que han descubierto es aún más dramático.

La primera de las conclusiones de esta investigación, que se dará a conocer en diciembre cuando termine la primera fase, es que muchos de los cadáveres sin identificación que tiene registrados Medicina Legal no están en el listado de los casi 52 mil desaparecidos reportados en el Registro Nacional de Desaparecidos. Esta base de datos unificó las denuncias desde varias fuentes, incluidos los registros oficiales y los de organizaciones no gubernamentales.

El mayor número de desapariciones en Colombia se registró en los años 90, cuando los paramilitares emprendieron su ofensiva más grande

Una de las causas de esto es que en muchos sitios del país, y durante muchos años, las desapariciones no fueron denunciadas. Los cálculos de la Fiscalía apuntan a que en las zonas donde el conflicto fue más intenso, no se denunciaron más del 65 por ciento de las desapariciones.

Esta cifra podría aumentar en las zonas rurales, donde los campesinos no tenían acceso a la justicia, nunca ha existido una representación de Medicina Legal y los médicos rurales  encargados de las necropsias, algunas veces por ineficiencia y otras por miedo, no hacían los registros como es debido. Otra razón para que no estén reportados es que sus familias pensaban que se fueron por una decisión propia y no que murieron. Y muchos ni siquiera sabían a quién hacer el reporte.

El mayor número de desapariciones en Colombia se registró en los años 90, cuando los paramilitares emprendieron su ofensiva más grande y utilizaron diversidad de métodos para desaparecer los cadáveres de sus víctimas.

Sin embargo, en el sistema la cifra más alta de desapariciones está registrada entre los años 2000 y 2003 (aunque ocurrieron una década antes), de acuerdo con la Comisión Nacional de Búsqueda, tal vez porque la intensidad del conflicto se redujo un poco y las familias tuvieron más posibilidades de denunciar la desaparición de sus seres queridos.

También es posible que en la medida en que avanza la sistematización de los datos y entren nuevas bases de datos o registros perdidos al sistema, la cifra de desaparecidos suba. Este proceso sólo puede hacerse ahora, porque antes no existían registros digitales y realizar los cruces de forma manual era un trabajo que requería mucho tiempo y personal, con el que no contaba ninguna de las instituciones.

Ese trabajo comenzó hace cuatro años y hoy está compilado en el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres, Sirdec, una plataforma de alta tecnología que permitió los avances que hoy comienzan a dar frutos.

Este sistema tiene hoy 62 mil registros, pero aún contiene el nombre de 11 mil que aparecieron vivos pero que no se han sacado de la base de datos porque las investigaciones por su desaparición podrían estar abiertas en algún lado. La idea es que, si cualquier autoridad busca el nombre de una persona que haya estado desaparecida en el sistema, aparezca que fue encontrada y cómo fue el hallazgo.

El esfuerzo es reconocido por las organizaciones de víctimas. El representante Iván Cepeda asegura que el trabajo que está haciendo Medicina Legal permitirá que algunas personas desaparecidas sean localizadas aunque sus familias no las hubieran reportado.

 

La búsqueda

En octubre 10 del año pasado, con la llegada del gobierno de Juan Manuel Santos, el MinInterior, la Registraduría y Medicina Legal firmaron un convenio para procesar los datos de las necrodactilias (huellas tomadas a los cadáveres) con las tarjetas decodactilares (huellas tomadas al momento de sacar la cédula) y después cruzarlas con el Registro Nacional de Desaparecidos.

Con el cruce de las necrodactilias y las tarjetas decodactilares, la Registraduría logró identificar muchos de los cuerpos registrados como NN. En total, fueron encontrados 9.968 cruces entre la base de datos de NN y números de ciudadanía. De esos, un poco menos de la mitad ya tenían algún nombre y los expertos lograron verificar que sí fuera el real, y 5.582 más, de los que no se conocía nada, ahora tienen nombre.

Pero de esos 9.968 nombres, sólo 440 aparecían en el Registro Nacional de Desaparecidos. De las otras 9.528 personas no hay reporte alguno.

Diana Ramírez, coordinadora del Grupo Red Nacional de NN y Desaparecidos, explicó a La Silla Vacía que actualmente Medicina Legal está trabajando en establecer plenamente la identificación de los 5.582 cadáveres que no tenían nombre y encontrar el sitio donde fueron sepultados.

Muchos de esos cuerpos fueron enterrados hace varios años, pero solo ahora existen las herramientas tecnológicas para hacer las comparaciones: la verificación de huellas, los estudios de los huesos, señales personales o placas dentales, hasta las pruebas de ADN que son la última instancia y no siempre son utilizadas.

Hoy no existe en el país una cifra definitiva de desaparecidos y no la vamos a tener pronto, porque las víctimas no solo provienen del conflicto, sino que además de personas muertas en la calle, secuestros o víctimas de otro tipo como del narcotráfico

Aunque Ramírez admite que la cifra de 440 personas ubicadas en el Registro es muy pequeña, dice que es significativa si se compara con los resultados logrados en el primer intento de identificación de NN que se realizó en 2007 cuando de 1.350 identificaciones positivas, sólo ocho estaban en el Registro.

Le parece más preocupante que de los 5.582 cadáveres que aparecían como NN en el momento de la inspección, sólo se haya logrado entregar 49 a sus respectivas familias. A esas personas se les está dando la identidad por primera vez.

Por eso, el Instituto de Medicina Legal implementó una ruta de atención integral que aparece en su página de internet y está dirigida a todas las personas que quieren conocer los resultados de la investigación y verificar si sus seres queridos han sido hallados. En esa página se encuentra el listado de las 440 personas identificadas plenamente y la guía de lo que deben hacer las personas que encuentran a su familiar en esa lista.

Muchas de las víctimas fueron descuartizadas y enterradas en fosas comunes, otras fueron arrojadas en los ríos e incluso incineradas como ocurrió con los muertos del Catatumbo que terminaban en hornos crematorios

Sobre todo porque muchos de esos cuerpos aparecen muy lejos del sitio donde desaparecieron y sólo el trabajo forense permite la identificación. Para Ramírez hoy no existe en el país una cifra definitiva de desaparecidos y no la vamos a tener pronto, porque las víctimas no solo provienen del conflicto, sino que además de personas muertas en la calle, secuestros o víctimas de otro tipo como del narcotráfico y todos los días mas personas reportan casos al Registro Nacional de Desaparecidos.

Encontrar a los NN en la base de desaparecidos es una buena noticia para los familiares. Pero esto no significa que ya podrán finalmente enterrar a sus seres queridos.

Después de años buscando a sus desaparecidos, los familiares que hoy se enteran que por fin los encontraron, deben esperar otros meses o años más. La razón es que sacarlos de donde están no es un trabajo sencillo.

Durante los 90, por ejemplo, muchas de las víctimas fueron descuartizadas y enterradas en fosas comunes, otras fueron arrojadas en los ríos e incluso incineradas como ocurrió con los muertos del Catatumbo que terminaban en hornos crematorios. Y otros, que parecen ser muchos, están en los cementerios oficiales. 

 

Los cementerios legales, una tortura

En el  informe “Rompiendo el silencio en la búsqueda de los desaparecidos en Colombia”, anterior a esta investigación, Lisa Haugaard y Kelly Nicholls cuentan que el mayor logro por los desaparecidos se consiguió en 2000 cuando se aprobó la Ley que penaliza la desaparición forzada. Según estas investigadoras, aunque haberlo vuelto un delito autónomo no ayuda a su prevención o judicialización, sí provocó que el Gobierno hiciera grandes esfuerzos para encontrar a las decenas de miles de desaparecidos, entre ellas la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda.

El resultado de uno de sus estudios piloto, en 2003, habló por primera vez de la cantidad de NN que estaban enterrados en los cementerios de Casanare sin ningún doliente. Sólo seis de los 21 cementerios tenían algún tipo de registro.

Por eso se empezó a pensar en el diseño de la estrategia para la recuperación de cuerpos en cementerios. Aquí el trabajo es diverso. Implica desde recuperar los cuerpos en fosas comunes hasta ubicar bóvedas sin marcar o conservadas de manera inadecuada. Aquí el trabajo del Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Asistencia Psicosocial, Equitas, ha sido fundamental.

Equitas sabía que cuando se comenzaran a ubicar los cuerpos en las bases de datos, muchos iban a estar en cementerios legales como cuerpos no identificados, o NN. Y que desenterrarlos no iba a ser fácil, porque en muchos de ellos suele no haber ningún registro.

La directora de Equitas, Carolina Guatame, dijo que al realizar el trabajo de campo encontraron que muchos desaparecidos habían pasado por el sistema médico-legal, es decir que se les había hecho necropsia y los registros de defunción, pero que aún así fueron enterrados como NN.

“Las secciones de NN en los cementerios no tienen infraestructura, no hay presupuesto, no tienen doliente y muchos cuerpos fueron enterrados en forma precaria. En muchos cementerios es una misión casi imposible encontrar un cuerpo”, dijo Guatame.

Adicionalmente, la administración no es clara. Aunque por Ley los alcaldes tienen la responsabilidad de controlar los cementerios, en muchos casos no hay presupuesto y los administradores -que pueden ser parte de la Diócesis o los mismos sepultureros- deciden sacar los NN de las bóvedas y enterrarlos en fosas comunes. El problema es que lo hacen sin ningún rigor científico y después encontrar los cuerpos se vuelve un problema.

Uno de esos casos ocurrió en una población donde hay un único cementerio y el sepulturero que tenía más de ochenta años se murió. El único registro que existía era el de su memoria y entonces la Fiscalía debía llegar a una fosa común donde había más de quince muertos y ya no hay cadáveres sino restos mezclados.

Para encontrar el cuerpo del NN que había sido identificado y prometido a su familia, los expertos de Medicina Legal tuvieron que hacer trabajo forense a los quince cuerpos y como ese trabajo de identificación científica es largo, aún la familia no tiene una respuesta.

Pero según Guateme, aunque el caso es dramático, ese cementerio es pequeño y el número de NN en una fosa común también lo era. El caso es diferente en otros donde la llegada de muertos de las últimas dos décadas ha sido enorme, como en  Marsella, Risaralda, donde hay 466 NN ubicados. Por eso este cementerio fue escogido por Equitas para servir de referencia en el estudio de cementerios legales.

Si el nombre está en el Registro Nacional de Desaparecidos, hay muchas manos buscándolo, mientras que si no hay reportes, sólo el hallazgo del cadáver le podrá dar una respuesta a su familia

Otro caso complicado es el del Meta. Iván Cepeda contó a La Silla Vacía el caso de Villavicencio donde la Alcaldía había ordenado hacer unas obras en uno de los cementerios principales, pero la Fiscalía ordenó pararlas. Entonces, la administración decidió hacer los trabajos en los alrededores del cementerio y el resultado es que durante las excavaciones se encontraron restos.

Por eso Equitas ha venido trabajando en la formulación de manuales que faciliten la tarea de localización e identificación de personas NN en cementerios legales. Esta propuesta no solo cobija los casos que han sido inhumados anteriormente sino que también tiene una propuesta para aumentar las probabilidades de identificación.

Hay otra cifra que preocupa a los investigadores y es la de 12.721 cadáveres que no tuvieron una identificación positiva en la Registraduría. Es decir que están sus necrodactilias pero no coinciden con ninguna tarjeta dactilar de la Registraduría, no tienen nombre, ni nada. Siguen siendo NN.

Según los analistas de la autoridad electoral, 4.210 son menores de edad y por eso no aparecen en los registros puesto que no alcanzaron a sacar su cédula de ciudadanía. Pero 8.511 simplemente no existen. Las razones pueden ser varias. Puede tratarse de personas que nunca sacaron su cédula o que les tomaron mal las huellas cuando lo hicieron. Sobre este grupo sólo trabajará Medicina Legal el próximo año, porque en este momento la prioridad es encontrar los cuerpos que ya fueron identificados.

Lo más importante para los que participan en este trabajo es que ningún familiar pierda la esperanza, porque aunque la mayoría de cadáveres identificados fueron desaparecidos en las últimas dos decadas, hay hallazgos anteriores, incluso el caso de un hombre que murió en 1970. Si el nombre está en el Registro Nacional de Desaparecidos, hay muchas manos buscándolo, mientras que si no hay reportes, sólo el hallazgo del cadáver le podrá dar una respuesta a su familia.

Hay muchos inconvenientes, pero cada paso que se da es un gran avance para encontrar los miles de colombianos que nunca fueron debidamente enterrados.

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