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El tema Análisis

Los relojes de Venezuela

lunes 25 de junio de 2012 A poco más de cuatro meses para las elecciones, varios son los relojes que llevan las cuentas en Venezuela, un país donde procesos superficiales y de profundidad se superponen en un complicado desarrollo que tiene varias fechas claves a la vista. Un análisis del momento político y social venezolano.

El cáncer que sufre el presidente se cuela en el debate político.

El cáncer que sufre el presidente se cuela en el debate político.

Por Modesto Anastasio

De los relojes, el más ruidoso es el que marca la ruta hacia el 7 de octubre. La tercera reválida para Hugo Chávez llega cargada de circunstancias y condicionantes extraordinarios.

No menos notorio es el reloj que acompaña al comandante-presidente en su enfermedad. Chávez acaba de cumplir un año desde que pasó por primera vez por el quirófano en el largo periplo médico en el que se ha visto inmerso por un cáncer que sigue siendo un misterio para propios y extraños, y que ha dejado un reguero de incógnitas indiscutibles para cualquier venezolano ya sea chavista u opositor.

Con un tictoc más pausado resuena en el proceso bolivariano el tránsito por su decimotercer año. El denominado socialismo del siglo XXI se prepara para el segundo plan socialista, el que se ejecutará si Chávez gana y que ya se perfila en el horizonte como el paso definitivo y de "no retorno" -en palabras del comandanteprensidente- en el camino hacia el socialismo.

Mirando por el cristal venezolano, a corta distancia todo lo que se ve pasa por las elecciones del 7 de octubre. Chávez se perfila como favorito, o al menos así lo dicen las encuestas que le dan márgenes de entre 5 y 30 puntos. Henrique Capriles, el exalcalde de Baruta, expresidente de la extinta Cámara de Diputados y exgobernador del estado Miranda, busca trabajo para los próximos seis años. Parece complicada su empresa.

El proceso histórico bolivariano ha empezado a acelerar ciertos procesos con la obligación de encarar las contradicciones de su propia génesis. La enfermedad de Chávez ha abocado a la revolución a preservar al líder, a arropar al comandantepresidente y a cerrar filas en un periodo de campaña que terminará probablemente con la reelección del hombre que dirige la nación sudamericana desde 1999, pero esa enfermedad también condiciona el devenir de la revolución.

 

Chavismo sin Chávez o Chavismo solo con Chávez

La visualización de una Venezuela sin Chávez -tarde o temprano, ya sea dentro de un mes, un año, diez o veinte, Chávez se morirá- ha propiciado un debate jugoso pero al que pocos en el chavismo quieren hincarle el tenedor. La sombra de una oposición golpista –dicen unos-, la necesidad de un líder que se presente como cabeza del proceso con el carisma de Chávez –dicen otros- y la dificultad del momento han aplazado el debate, algunos incluso tratan de sofocarlo antes de que pueda echar a caminar, de forma que el cuestionamiento de Chávez, o mejor dicho, de la figura del comandantepresidente como la referencia en la que comienza y acaba todo en revolución es considerado poco menos que herejía entre quienes manejan los hilos en las filas del movimiento bolivariano. Entre bambalinas los diálogos y los planteamientos no son tan uniformes.

Chávez arrastra la Cuarta consigo como herramienta arrojadiza y aplaza sistemáticamente el salto a una Quinta que pueda mirarse a si misma sin excusas.

Desde la pírrica victoria lograda en las elecciones parlamentarias del 2010, Chávez hace y vive para lograr la reelección, seis años más para llevar el proceso hacia un punto de "no retorno" de la revolución, el sueño contradictorio de las revoluciones de lograr el punto de irreversibilidad, la institucionalización de un proceso que trata de negar su propia esencia y hacerlo inmune a las contradicciones que lo provocan.

Posible o imposible, lo cierto es que ese tránsito se ve necesariamente sujeto a preguntas. El bagaje de 13 años de revolución deja claros y sombras. Venezuela ha logrado disminuir los niveles de pobreza, estructurar una sociedad altamente politizada y mecanismos de asociación popular, pero no ha podido con las formas de "la Cuarta" república. La revolución sigue basando su esencia en un proceso de contradicción nacional y en fantasmas de un tiempo cada vez más lejano y que se materializa en efemérides para rememorar los pecados de la oposición, o al menos cierta parte de la oposición, con la que se puede caricaturizar a cuanto no es chavista. Chávez arrastra la Cuarta consigo como herramienta arrojadiza y aplaza sistemáticamente el salto a una Quinta que pueda mirarse a si misma sin excusas.

 

Condiciones políticas inmejorables para unas elecciones

Con los programas sociales a todo vapor, la inversión arrastra ríos de dinero hacia los sectores más desfavorecidos, y hacia quienes meten el remo para recoger cuanto queda en los meandros del gasto público. Madres solteras, jubilados sin prestaciones y familias sin recursos, entre otros, se han beneficiado de misiones lanzadas en los últimos meses con dotaciones de fondos de unos 2.000 millones de dólares de promedio.

A eso hay que sumar la más ingente labor emprendida por el presidente en su mandato, la de resolver el déficit habitacional de un país donde más de 3 millones de familias piden un techo. La Gran Misión Vivienda no sólo se ha traducido en un importante gasto del Estado sino en un fenomenal motor económico.

El volumen de gasto e inversión pública no tiene precedentes en la historia de Venezuela y ha conseguido convencer a los venezolanos de que el país va bien.

Pero la misión tiene sus costos. Además de la asunción del pago a medio y largo plazo en petróleo a China -algo que no debe ser un problema para un país ante crecientes perspectivas productivas en la Faja del Orinoco- el gobierno está asumiendo con beneficios fiscales el que muchas compañías constructoras inmersas en el proceso hayan dejado de pagar IVA e impuesto sobre la renta, disminuyendo la capacidad recaudadora.

A lo anterior se suman más misiones: la de Saber y Trabajo, con la que se busca generar 3,5 millones de empleos en ocho años; la misión Agrovenezuela, que el gobierno trata de apuntalar tras un año para el olvido, y la Misión A toda Vida, para luchar contra la inseguridad tratando de convencer de que esta vez sí, el problema de la inseguridad tendrá solución.

El volumen de gasto e inversión pública no tiene precedentes en la historia de Venezuela y ha conseguido convencer a los venezolanos de que el país va bien. El 4,2% de crecimiento del año anterior y el 5,6% del primer trimestre de este año corroboran esa percepción.

Sin embargo, todo ello ha sido posible gracias a un barril del petróleo que durante los primeros seis meses se ha mantenido en los 110 dólares, una mina para un país que exporta alrededor de 2,5 millones de barriles diarios.

Pero mientras Chávez recuerda insistentemente la suerte que tienen los venezolanos por no vivir en Grecia, España, Irlanda o Portugal, y por supuesto en Estados Unidos, otro reloj, el de la bonanza, ha comenzado a sonar. El barril de crudo se vendió la semana pasada a un precio promedio de 92 dólares y la tendencia es bajista por la crisis financiera y económica europea y por el mantenimiento de las cuotas de crudo por parte de países dispuestos a atender la demanda de un barril barato que ayude a reactivar la economía occidental.

Así las cosas los pronósticos hablan de un barril no muy lejos de los 70 dólares para final de año. No hace tanto tiempo, a finales de 2010, el Gobierno afrontó enormes problemas de liquidez, por lo que habrá que ver si el dinero va a alcanzar en los próximos meses para todo, incluido, una campaña que se vislumbra cara.

Si como parece, Chávez finalmente no puede hacer el tipo de campaña que ha venido desarrollando en anteriores procesos electorales -en contacto con la gente y encabezando múltiples y multitudinarios actos- la televisión, la propaganda y la maquinaria del partido van a tener que hacer un despliegue fenomenal para hacer presente al hombre ausente.

Hasta el momento la apuesta electoral ha sido arriesgada pero efectiva, aunque los compromisos han levantado grandes expectativas entre la población.

Tal vez quepa recordar que para no pocos Chávez ha optado por una fórmula de relacionamiento con el pueblo basado en la satisfacción de necesidades, echan en falta la estructuración de fórmulas que empoderen y hagan sentir a los venezolanos la propiedad, y sobre todo el acompañamiento de un proceso de ideologización que haga a la población consciente del significado de un proyecto realmente socialista.

El otro factor condicionante que está respaldando consistentemente los buenos números de Chávez en las encuestas ha sido paradójicamente la enfermedad. La solidaridad de los venezolanos con el comandantepresidente en estos momentos es mayoritaria, pero mayor aún es el castigo a quienes tratan de buscar en ese cáncer un motivo para cuestionar políticamente la figura o actuación del mandatario.

Sería falso atribuir a la enfermedad los buenos números de Chávez en las encuestas, pero también sería mentira desconocer que el ritmo creciente de aprobación que el presidente traía desde febrero de 2010, al final de la parte más complicada de la crisis eléctrica, se multiplicó por dos a raíz del anuncio del cáncer.

La nueva oposición que representa Primero Justicia no bebe de ideologías novedosas, todo lo contrario, responde a la ideología más tradicionalmente conservadora.

El debate que abre la enfermedad de Chávez está encerrado y nadie puede saber si ese confinamiento finalizará una vez ganadas las elecciones o si serán los comicios el tribunal para una sentencia sumaria.

El cáncer es central y condiciona dos relojes el del chavismo con Chávez, y el del futuro chavismo sin Chávez –un debate que todo indica que es mejor tener desde el gobierno-.

A todo esto asiste el país con una oposición que sigue arrastrando culpas y pecados pero que ha empezado un proceso de transición interna que no debería pasar desapercibido. Si la victoria de Henrique Capriles en las primarias opositorias dejó una consecuencia fue la precipitación del final del viejo sistema de partidos. La cuesta abajo emprendida por Copei y por Acción Democrática en los últimos comicios se ha tornado en caída libre con una derrota escenificada en forma de un 27% de apoyo de la oposición al proyecto del gobernador del Zulia, Pablo Pérez. Las famosas y sobreponderadas maquinarias de adecos y copeianos quedaron completamente destrozadas.

La nueva oposición que representa Primero Justicia no bebe de ideologías novedosas, todo lo contrario, responde a la ideología más tradicionalmente conservadora. Trata de arañar aquí y allá haciéndose por partes en busca de un proyecto político atractivo que no sea contradictorio con el chavismo. Pero esa oferta se encuentra ante incoherencias esenciales de formulación y por tanto tiene pocos visos de atraer a unos y a otros, cifrando de nuevo en el voto descontento del chavismo sus esperanzas de éxito. Esa transición, sin embargo, no será eterna y aunque las condiciones para que Chávez vuelva a vencer son inmejorables, las elecciones no podrán detener los relojes de la revolución bolivariana.

 

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