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El tema Periodismo ciudadano

Las mentiras de la revolución verde y de los transgénicos

sábado 29 de septiembre de 2012 Del 2 al 16 de Octubre del 2012 se realizan en todo el mundo acciones por los derechos de recolección, aseguramiento y libre distribución de semillas. Es un tema clave para la supervivencia de la Humanidad y para lxs luchadorxs por la soberanía alimentaria de los pueblos. Una de nuestras lectoras nos explica con detalle el fraude de la industria alimentaria.

¡Nuestra soberanía empieza en nuestro plato!

Por Dora María Álvarez Srygley

La tecnología ha dicho que el hambre mundial se acaba al aumentar la producción alimentaria. Por lo que se dice que pasamos de la revolución verde de la agroindustria “una plaga, un químico” a la revolución genética “un problema, un gen” de los transgénicos. Así, han surgido las plantas “Bt” con el gen de la bacteria Bacillus thuringiensis (Bt) y éstas producen tóxinas insecticidas; plantas resistentes a los herbicidas y a la sequía, y plantas biofortificadas con vitamina A.

El Grupo ETC señala que ambos modelos reduccionistas funcionan bajo la producción de comida dentro de una “cadena alimentaria” privatizada, que empieza con las corporaciones como Monsanto, suministradora de semillas, de los agrotóxicos y de la maquinaría, y que termina en distribuidoras finales como Wal-Mart.

¿Y por qué las corporaciones quieren privatizar nuestra comida? Porque las semillas han sido y son la base del derecho de los pueblos de producir su propia comida y de diversificarla, a través del libre intercambio, conservación, almacenamiento, resiembra. La mitad del mercado mundial tanto de semillas patentadas como de pesticidas es dominado por los tres grandes: Monsanto, DuPont  y Syngenta. Monsanto, tiene casi un cuarto del mercado mundial de semillas patentadas.

Los países se han transformaron en grandes exportadores de unos cuantos monocultivos e importadores de su propia comida. La brecha entre campesinos ricos y pobres se ha agudizado  al desmantelarse la agricultura local, basada en una amplia y diversa acumulación de conocimientos sobre el funcionamiento de la naturaleza. Primero, al desaparecer a quienes cultivan la tierra de un modo tradicional porque no pueden subsidiar los costos de estas tecnologías. Aquí surge la certificación de semillas, que avala el derecho de reclamar como propiedad intelectual las semillas orgánicas (libres de pesticidas sintéticos) y transgénicas, ambas producidas por las corporaciones, penalizando tanto la presencia de las mismas, como su uso no autorizado. Las semillas nativas no tienen cabida en esta lista, cuyo fin es obligar a los campesinos a comprar las semillas para el siguiente ciclo. Además, porque cada vez los monocultivos avanzan y hay menos tierras disponibles.Y segundo, se ha desplazado a los cultivos locales logrados con la domesticación durante miles de años por los pueblos originarios, y sostenida por sus descendientes y por los campesinos del mundo.

A esta biodiversidad de variedades nativas, diversas en aportes nutricionales, ricas en diversidad genética para adaptarse a las condiciones locales, enfrentar las enfermedades y las adversidades del clima; se les reemplazó, por un puñado de monocultivos mejorados en el laboratorio, poseedores de una peligrosa homogeneidad genética, altamente vulnerables a los azares del calentamiento global, a las enfermedades, y pobres en diversidad alimentaria. La escasez de nuestras semillas nativas ha contribuido a la pérdida de diversidad cultural, de conocimientos ancentrales y de muchas formas de vida que giran entorno a esa diversidad de cultivos locales.

De 8.000 semillas de plantas comestibles utilizadas para la alimentación, sólo 150 son cultivadas actualmente y nada más que ocho son comercializadas a nivel mundial. Cuatro monocultivos GM (Genéticamente modificados) dominan millones de hectáreas en el mundo: soya, algodón ,maíz y colza (aceite de “canola”). Cinco países de nuestra América forman “la patria grande soyera”: Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay.

El informe ¿Quién alimenta al mundo? del Grupo ETC del 2009, reporta que cerca del 70% de la población mundial es alimentada por los pequeños campesinos quienes utilizan en menor cantidad área cultivada, agua, energía fósil y usan prácticas que protegen el suelo. Mientras un 30% de los alimentos proviene de la agroindustria y un 40% del aporte mundial de granos es usado como alimento de animales. Además, un cuarto de todas las cosechas de maíz es usado para biocombustible. Así, los que aún podemos comer, somos alimentados, principalmente, por los pequeños campesinos y, en menor grado, por la agroindustria; en tanto un billón de personas sufren de hambre al no poder comprar alimentos básicos que son usados para alimentar animales y máquinas.

Aunque en algunos países de América Latina aún no se da una autorización legal para el consumo humano de los monocultivos GM; lo cierto es que éstos están bajo diferentes circunstancias:  amparados en el desarrollo de fases experimentales en el laboratorio, o en campo; en la reproducción de semillas para la exportación; por medio de la importación de productos a base de maíz o soya, como aceites, harinas y productos procesados para el consumo humano, y/o como alimento para animales; por la entrada ilegal de semillas, vía ayudas alimentarias. 

Los cultivos GM pueden contaminar otros cultivos no GM y a sus parientes silvestres; por el viento o por vía de sus polinizadores. He aquí la importancia de prohibirlos no sólo en los centros de origen, de domesticación y de diversificación de plantas, como el caso de América para el maíz, el algodón y la papa; si no también en las regiones que poseen sus propias razas nativas. Ya que se pone en peligro la diversidad genética necesaria para el mejoramiento de las variedades en el futuro. Absurdamente, Monsanto ha rechazado esta forma de contaminación y ha establecido un régimen de terror en los agricultores del mundo al imponer 144 demandas en contra de agricultores familiares en Estados Unidos, alegando el uso no autorizado de sus semillas. En la India, desde que este país adoptó el cultivo de algodón GM, hasta el presente, 250.000 campesinos se han suicidado, al no poder subsidiar los costos.

La pobreza y el hambre no se eliminan ni con cultivos GM para tener vitamina A; ni resistentir la sequía, que para nada han mejorado el uso eficiente del agua; ni guardando las semillas nativas en cámaras blindadas en el ártico. Se eliminan fortaleciendo la diversidad de nuestras semillas nativas en el campo, que junto a la agricultura local sostenible, y a sus manos campesinas, son armas poderosas para rescatar la soberanía alimentaria, y hacerle frente al calentamiento global. Hoy por hoy, quien tenga plantas de frutos comestibles en su patio, ¡dése un abrazo!, tiene un gran tesoro. Los maíces de nuestra América nos unen con México este 29 de septiembre, en defensa del maíz. Además,en las semanas del 2 al 16 de Octubre del 2012, se estará realizando  a nivel internacional, dos semanas de acción, por los derechos de recolección, aseguramiento y libre distribución de semillas.¡Unámonos,porque nuestra soberanía empieza en el plato!

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