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El tema Crisis en el catolicismo

¿Por qué esperar que se mueva lo pétreo?

miércoles 13 de febrero de 2013 Si ya lo dijo el 'mesías' de los católicos: “…y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Y la iglesia que construyeron sus seguidores es pétrea. Los intentos de alejamiento de la inmovilidad (como el Concilio Vaticano II o la II Cela de 1968) son ahora un vago recuerdo y, tras la “renuncia” de Ratzinger las quinielas para la elección del nuevo Papa perpetúan a esta institución no civil, antidemocrática y patriarcal que sigue siendo “intocable”.

Acto de protesta de las feministas de Femen ayer en París para denunciar la matriz patriarcal de la religión católica.

Acto de protesta de las feministas de Femen ayer en París para denunciar la matriz patriarcal de la religión católica.

Ratzinger "entrará en la historia como un Papa enemigo de la inteligencia de los pobres y de sus aliados". Leonardo Boff

Por Paco Gómez Nadal / Varias fuentes

Las hipótesis sobre la “renuncia” de Joseph Ratzinger a la dirección autocrática de la iglesia católica abundan en estos días. Los medios de comunicación convencionales hacen coberturas interminables sobre el papa "renunciado" y consideran legítima su "autoridad". Nada seguro se puede saber sobre una institución privada, cerrada, no democrática y, desde luego, nada transparente. Un Estado peculiar con su propio aparato de justicia, su propia policía y sus propios misterios. Un Estado que no se somete a los tratados internacionales y que tiene más opacidad que un paraíso fiscal.

El Vaticano es una ciudad-Estado y su soporte jurídico contemporáneo se lo debe la iglesia católica a un dictador, Benito Mussolini, quien reconoció el carácter de Estado –en el Pacto de Letrán de 1929, curiosamente un 11 de febrero, la misma fecha elegida por Ratzinger para hacer pública su renuncia. Las 44 hectáreas en las que se asienta la Ciudad del Vaticano se convirtieron así en el estado independiente más pequeño -y dictatorial- del planeta.

Por tanto, nadamos en territorios llenos de sombras y con una historia pesada. Cuando se habla del futuro de la Santa Sede tras esta "histórica" renuncia y de su relación con América Latina y El Caribe, es imprescindible abordar el retroceso del catolicismo en la región.

A principios del siglo XX, el 92.3% de los latinoamericanos y caribeños eran considerados católicos y aún en 1970 el porcentaje rozaba el 90%. Pero los últimos 40 años han sido desastrosos para el catolicismo en la región. Tal y como relata con precisión Cristián Parker Gumucio en su estudio sobre el pluralismo cultural y religioso, el avance de las iglesias evangélicas –patrocinado en los años 70 por Estados Unidos como freno al avance revolucionario y a la contagiosa Teología de la Liberación- y la evolución de las sociedades dejan ahora a los católicos con porcentajes que van del 59% del Caribe al 76.84% de Suramérica o el 63.19% de Centroamérica. Las cifras hablan de bautizados, que no de practicantes.

Las razones son más complejas. Bernardo Barranco, del Centro de Estudios Religiosos de México considera que “los valores tradicionales que defiende la iglesia están enfrentando un grave desafío pues en temas como el aborto, la eutanasia y la homosexualidad, la posición religiosa se ve rebasada por lógicas nuevas”. Claro, que para la línea oficial del Vaticano, representada, por ejemplo, por el cardenal brasileño Claudio Hummes, “la situación tiene también razones en el relativismo moral, importado de Europa e introducido en América latina sobre todo por las clases dirigentes locales, los medios masivos y los intelectuales”.

Esa ha sido una de las principales batallas conceptuales librada por Joseph Ratzinger, primero como responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe (heredera de la Inquisición) y después desde el papado: luchar contra la modernidad, la razón y el “relativismo” que habría la puerta al respeto a comportamientos individuales y sociales que para la iglesia católica no son tolerables, a pesar de la evolución de esta institución tras el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Tanto el papado de Ratzinger como el de su antecesor (Karol Wojtyla) –autodenominados Benedicto XVI y Juan Pablo II, respectivamente- supusieron un paso atrás en América Latina frente a la apertura promovida en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELA), celebrada en Medellín en 1968. En sus famosos documentos finales se podía leer: “Deseamos afirmar que es indispensable la formación de la conciencia social y la percepción realista de los problemas de la comunidad y de las estructuras sociales. Debemos despertar la conciencia social y hábitos comunitarios en todos los medios y grupos profesionales, ya sea en lo que respecta al diálogo y vivencia comunitaria dentro del mismo grupo, ya sea en sus relaciones con grupos sociales más amplios (obreros, campesinos, profesionales liberales, clero, religiosos, funcionarios)”.  

Las esperanzas se fueron perdiendo en el camino con la persecución de la Teología de la Liberación y por la evidente connivencia de la jerarquía oficial católica con los gobiernos dictatoriales de la región. Quizá por eso, ahora, los críticos del conservadurismo vaticano no muestran entusiasmo ante la próxima elección cerrada, patriarcal, asímétrica y no democrática del jefe máximo de los católicos. Cerrada porque es secreta y opaca; patriarcal por la no participación de mujeres y por los valores sociales de sumisión que promueve la iglesia católica; asimétrica, por el excesivo peso que tiene los cardenales europeos (61 europeos, 19 latinoamericanos, 14 norteamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y 1 procedente de Oceanía) aunque no sea Europa territorio fértil para esta religión; lo de no democrática no merece justificación.

Leonardo Boff, uno de los estandartes de la Teología de la Liberación, afirmaba en las últimas horas: “Esperamos que otro Papa cree una atmósfera más abierta, que los cristianos puedan dialogar con la cultura moderna sin las tantas sospechas y críticas ”. Pero lo espera poco. El teólogo brasileño considera que Ratzinger “carga un fardo negativo muy grande en la historia de la teología cristiana. Entrará en la historia como un Papa enemigo de la inteligencia de los pobres y de sus aliados”. Además, califica su gestión de “burocrática” y “dura”, tanto que “ha hecho que muchos no sientan más a la iglesia como un hogar espiritual”. No hace mejor balance el nicaragüense Ernesto Cardenal, quien no disimulaba ayer su alegría: “Ignoro por qué está renunciando (pero) me alegro mucho que se vaya del papado”.

Algunos analistas laicos tratan de suavizar este balance y le atribuyen “sinceros” esfuerzos por limpiar la casa. Así lo hacía el periodista español, Miguel Mora, quien escribía “los lobos han ganado la partida, pero su renuncia, meditada para evitar un segundo calvario en directo como el vivido con la interminable agonía de Wojtyla, sitúa a Joseph Ratzinger como un pastor derrotado y coherente que, harto de luchar, se retira a la clausura antes de ser devorado por los buitres. Que sea el primer caso en 600 años dice mucho sobre el nivel de la iniquidad con el que ha convivido. Que no se haya filtrado la noticia lo dice todo sobre su soledad”.

“El balance de su gestión es sombrío. Ha hecho grandes declaraciones pero éstas no han sido apoyadas por ninguna acción o medida. (…) Bajo su mandato los niños siguen estando en peligro”, aseguraba con dureza Barbara Blaine, presidenta de una asociación estadounidense de víctimas de los abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos, uno de los mayores escándalos entre los católicos que Ratzinger deja sin solventar. La Red de Sobrevivientes del Abuso de Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) le ha recomendado a Ratzinger que aproveche el tiempo que le queda en el poder: “Aún tiene dos semanas” en el cargo por lo que puede hacer uso de su “inmenso poder para proteger" a las víctimas de la pederastia, rezaba un comunicado de la SNAP.

El teólogo suizo Hans Küng, ex compañero de Ratzinger y duro crítico del renunciado papa, cree que ese marco de lobos y esta forma de actuar es estructural y considera que no veremos ningún giro significativo en el seno de la institución religiosa: “Las posibilidades para un cambio radical no son buenas. (…) Siempre ha habido temor en la iglesia a un papa que cuestione el sistema de forma fundamental, razón por la cual se elige a un candidato que no se pueda transformar en un [Mijaíl] Gorbachov”.

El periodista italiano Gennaro Carotenuto vaticinaba en las últimas horas que la sombra de Ratzinger seguirá presente en la elección del nuevo papa aunque, a decir verdad, ya ha conformado un círculo de cardenales ultraconservadores que nada van a cambiar: “Hoy en día la mente agudísima del Papa alemán, la batalla en muchos sentidos anti-moderna conducida por él y su predecesor, levanta la bandera blanca y relanza al mismo tiempo. ¿Quién, con Benedicto XVI vivo, podrá evitar que el nuevo papa no salga del mismo côté conservador? Joseph Ratzinger, aunque no participará directamente en el cónclave, estará más presente que nunca, mucho más presente que muerto. Ratzinger vivo dirige un colegio de cardenales seleccionados durante décadas entre los más conservadores de las jerarquías de la iglesia católica. Mientras tanto los progresistas, tras la muerte del cardenal Martini, han perdido incluso el líder del partido conciliar”.

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