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El tema Análisis

Venezuela: la amenaza externa, el enredo interno

domingo 15 de marzo de 2015 Venezuela vive días muy complicados. Tras la amenaza directa de Estados Unidos, los profundos debates internos dentro de la izquierda nacional pueden quedar diluidos por las amenazas del enemigo interno y del imperialismo del norte.

Por Equipo Otramérica

Barak Obama decidió tensar la cuerda con quien es uno de sus principales proveedores de petróleo: Venezuela. La declaración de Venezuela como “extraordinaria e inusual amenaza a la seguridad nacional y la política exterior” de Estados Unidos ha prendido todas las alarmas y el Gobierno de Caracas ha respondido con unas masivas maniobras militares en todo el territorio nacional que parecen una puesta en escena para mostrar músculo armado.

La reacción a las amenazas de Estados Unidos, aunque con una tibieza poco normal en estas circunstancias, ya ha llegado de parte de Unasur, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), del Mercado Común del Sur (Mercosur) y de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), que han mostrado su respaldo a Caracas.

La respuesta más razonable al órdago de Washington ha sido del jubilado presidente uruguayo José Mujica: “No joda Estados Unidos. Se llevarán mal, pero ¿va a decir que Venezuela es una amenaza para EE. UU? ¿Dónde estamos parados? Cualquiera que mire el mapa, mire la cantidad de habitantes, el PIB, la Armada, los barcos que tiene... decir que Venezuela puede ser una amenaza para EEUU debe andar pasado de manija”.

También dio en la diana Mujica cuando planteó que este es un tema de soberanía y que los venezolanos deben resolver sus problemas sin injerencias. “Venezuela tiene problemas y los tiene que solucionar, pero entre los venezolanos”, dijo el ex presidente en una entrevista radiofónica y añadió: “Hay una cosa que se llama la autodeterminación. Siempre que se meten de afuera es para peor. Mire lo que pasó en Libia, en todos lados. Déjenlos tranquilos. Que los venezolanos resuelvan sus problemas”.

Tratamos de entender algo de lo que ocurre en Venezuela a través de los testimonios de varios generadores de opinión desde la izquierda que publican habitualmente sus análisis y puntos de vista. Lo que pase en Venezuela es clave para el resto del continente y el continente está en un punto delicado.

 

Los problemas

Venezuela vive una profunda crisis política, económica y social. La versión oficial del Gobierno de Nicolás Maduro es que se trata de una “guerra económica” por parte de la oposición de derechas aliada con Estados Unidos y con otros actores externos. Nadie con un mínimo de información duda de que la heterogénea oposición venezolana se frota las manos y empuja en dirección al abismo, pero hay más razones de fondo que el discurso vacío de Maduro no puede ocultar.

El sociólogo Edgardo Lander lo explicaba así a finales de 2014. “Lo que ha ocurrido en estos tres lustros ha sido una profundización del modelo rentista, incrementándose la dependencia de los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras. El petróleo, en el valor total de las exportaciones, pasó de representar un 68,7% en el año 1998 a 96% en los últimos años. En términos absolutos se ha dado durante estos años una reducción del valor de las exportaciones no petroleras y de las exportaciones privadas. La contribución de la industrial al PIB bajó de 17% en el 2000 a 13% en el año 2013”. Habría que añadir que el principal cliente petrolero de Venezuela sigue siendo EEUU, que recibe algo más de 700 mil barriles de crudo diarios provenientes del país suramericano, que recibe algo más de 10 mil millones de dólares anuales a cambio.

Lander considera que el proyecto chavista ha sido incapaz de generar alternativas productivas no capitalistas o de carácter postextractivista. “Los avances importantes que han ocurrido en el área social son consecuencia de un muy importante re-direccionamiento en el reparto de la renta petrolera en el cual se le ha dado una clara prioridad a responder a carencias y demandas de los sectores populares.  Esto hace que estas políticas no solo sean extraordinariamente vulnerables a las variaciones del ingreso petrolero, sino que igualmente generan crecientes expectativas que solo sería posible satisfacer sobre la base de ingresos petroleros en sostenido ascenso”.

 

Maduro no es Chávez

A la crisis petrolera que está sufriendo Caracas, con el desplome del precio del barril en un 50% en los últimos seis meses, hay que sumar la crisis de liderazgo político. El politólogo Nicmar Evans era uno de los más destacados pensadores del núcleo duro del chavismo durante los últimos años, pero ahora impulsa una nueva corriente denominada Marea Socialista. Declarado chavista, Evans considera que Maduro ha traicionado el legado de Hugo Chávez y no ha seguido ni una de las recomendaciones marcadas por el difunto presidente venezolano en su discurso El Golpe de Timón, pronunciado tras su última victoria electoral en 2012. “El madurismo se convirtió en una tendencia de control del gobierno que pareciera deslindarse del legado del Presidente Chávez. (…) el Presidente Maduro en los últimos dos años no ha reconocido un solo error de su gobierno; toda la culpa es del otro. Es verdad que hay toda una campaña promovida por sectores de la oposición y económicos nacionales, así como grupos mayameros, apoyados por el gobierno norteamericano que buscan eliminar de la faz de la tierra todo vestigio de Chávez. Pero no es menos cierto que dentro del gobierno hay quintas columnas, que están infiltrados y que son responsables de la ineficacia, ineficiencia y la mediocridad de la gestión pública”.

Edgardo Lander lo completa: “El presidente Maduro carece del liderazgo que le permitía a Chávez garantizar la unidad cuando proponía políticas que generaban resistencia entre sus seguidores. Objetivos tan centrales en las formulaciones de este proyecto de transformación societal como lo son la democracia participativa y el Estado comunal; la soberanía nacional; la soberanía alimentaria; la pluriculturalidad, y el reconocimiento de los derechos constitucionales de los pueblos indígenas; y el objetivo quinto del Plan de la Patria, ‘contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana’ no sólo presentan tensiones, sino que son estructuralmente incompatibles con un petro-Estado, con una economía extractivista depredadora cuyos ingresos estén, además, altamente concentrados en manos del poder ejecutivo”.

Esa concentración ha generado un alto grado de corrupción al mismo tiempo que el rentismo paraliza la acción del Gobierno, absolutamente dependiente del cheque petrolero. Ese, según los críticos internos,  sería el fracaso histórico de la llamada “revolución bolivariana”. Aunque Rodrigo Alonso, economista uruguayo, plantea que más bien esta crisis nos dará la medida del fracaso de las tendencias que aplazan la revolución para concentrarse en las ‘reformas’: “La crisis en curso en Venezuela no nos dirá nada sobre cómo funciona y fracasa una experiencia socialista. Por el contrario, su correcta interpretación nos podrá hablar del techo histórico del capitalismo latinoamericano para combinar desarrollo e inclusión, así como de los límites de las medidas para reformarlo y controlarlo”.

En todo caso, parece que hay consenso sobre la excesiva dependencia de un modelo estatal que redistribuye pero no alienta la autonomía. Lander recuerda que “la participación democrática de base y el autogobierno comunal encuentran un límite estructural en el hecho de que en esta economía petrolera, las comunidades carecen de un piso productivo propio y dependen en una forma permanente de las transferencias (‘bajadas’) de recursos y líneas políticas desde el ejecutivo y el partido de gobierno. Sin autonomía en relación tanto al Estado como al mercado, no es posible la construcción de una genuina democracia participativa”.

En la misma línea está el que fuera viceministro de Planeación, Roland Denis, ubicado ahora en la crítica al gobierno de Maduro desde el ala de la izquierda que promueve el autogobierno. “El problema por tanto es como ha cambiado la correlación de fuerzas en los últimos años en favor de sectores apropiadores de la riqueza pública y el trabajo social, y en contra de una masa esperanzada en los cambios revolucionarios que han sido planteados. La cosa fue que se llamó a una población a apoyar al Estado y el gobierno, dándole instrumentos marginales de autogobierno, mientras este desastre crecía lentamente hasta aparecer por completo, particularmente después de la muerte de Chávez”.

Denis llama a un Gobierno Popular que acabe con la ficción estatal: “El gobierno popular es un ‘no-Estado’ insistimos, y ya demasiada prueba tenemos, bien vivida y sufrida de que solo puede ser así. Y la meta de principios de los años 2000 sigue siendo igualita ahora, solo que ya se acabó la ilusión del ‘Estado empoderador”. Él se basa en las experiencias que desde abajo, aunque minoritarias, se han construido en estos años.

Las mismas, quizá, de las que habla Lander cuando recuerda que “existen muchas experiencias de base que, si bien son minoritarias, han logrado hacer propios estos impulsos organizativos y financieros, pero sobre todo, se han nutrido de la politización y activismo que ha atravesado a la sociedad venezolana en estos años, para llevar a cabo procesos comunitarios de una extraordinariamente riqueza y autonomía. Son, en este sentido, ejemplos vivientes de lo posible en el campo popular”.

El debate interno en Venezuela es rico y plural y jamás trasciende a los medios de comunicación convencionales. Fogonazos noticiosos que muestran una Venezuela en dos colores, cuando lo cierto es que en los sectores populares y bolivarianos hay una vitalidad y un intercambio de ideas de una riqueza rescatable.

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