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En París

Lowcost

lunes 15 de agosto de 2011 Desde Orly se puede oler el Sur. Los colores, las voces, las maletas... todo hace intuir que el destino está cerca. Para llegar acá, he pagado el peaje del Lowcost: muchos transbordos, todos los medios de comunicación posibles y algo de cansancio acumulado en la mochila antes si quiera de comenzar.

El cielo de Orly cruzado por los sueños volantes.

El cielo de Orly cruzado por los sueños volantes.

Por Paco Gómez Nadal

Es cierto, en estos dias se puede viajar por poco, aunque la distancia más corta entre dos puntos sea la espiral. 

Inicié el viaje y necesitaré siete vehículos diferentes para llegar a Cayena. De Santander en coche hasta Hendaya, allí un primer tren hasta Biarriz; otro a Dax; uno más hasta París. Ya les dije, Lowcost... lowcost hasta que se llega a París porque de la estación de tren de Austerlitz hasta el aeropuerto de Orly son 6,40 euros en un tren solitario -con un punto a suburbio de Nueva York- y un autobús con grabación a todo volumen que a ciertas horas de la mañana no suena a desayuno dulce.

Orly Sur (una clase inferior a Orly Oeste) tiene ese aire decadente de lo que algún día fue un aeropuerto (algo parecido a la T1 de Barajas pero más limpio y 'barnizado'). Al pisar esta terminal (inaugurada por De Gaulle en 1961) siento ya un pie en el Caribe, o en África, o en Asia... Acá los colores, los acentos, las miradas y las maletas ya son diferentes (...esa manera de viajar tumultuosa, familiar, que los ordenados europeos han perdido en parte). Al hacer repaso a las líneas aéreas, el sancocho cultural cobra sentido: Iran Air, Air Burkina, Syrian Air, Mauritania Airways, Air Mali y... ahí, ahí, esa es la mía: Air Caraïbes.

Los aeropuertos de las grandes capitales europeas son como un libro de historia del imperialismo pasado y del colonialismo que se mantiene. Antiguas metrópolis, siguen siendo el destino de los migrantes del sur y los países destino, los invernaderos donde los inversores blancos ponen a crecer su dinero de forma acelerada. Nada hay Lowcost para los países del sur en esta relación asimétrica. Si hasta unas pocas décadas las colonias seguían siendo colonias formalmente, ahora se mantiene un hilo de seda (a veces convertido en cadena de hierro) que no permite el despegue independiente de los pueblos y que lastra el futuro del Sur a costa de perpetuar la balanza del poder del norte.  

La noche de camino a París me ha servido para pensar en la Ruta. Lo cierto es que hasta hace unas horas no sentía aún el gusanillo del viaje. Ahora estoy embarcado de lleno, aunque será cuando ponga el ìe en Cayena cuando podré escribir: "Ha empezado la Ruta". Nos vemos allí.  

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