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Columnas de opinión Semántica posible

C de Crecimiento

martes 03 de mayo de 2011 El axioma enseña que economía es equivalente a crecimiento. Mir Rodríguez contradice la versión dominante del 'crecimiento' y nos prompone un 'sistema' donde vivir sea el centro de nuestras acciones.

Por Mir Rodríguez

Del latín crescere, “aumentar de tamaño”, a su vez del indoeuropeo ker - “crecer” 




El perezoso enano de la pequeña y remota isla caribeña de Escudo de Veraguas (en Panamá) es un animal único, que no se encuentra en otro lado. Hace miles de años la isla se fue separando de tierra firme y los animales que quedaron en ella se tuvieron que ir adaptando a su nuevo hogar. Se ha observado que en las islas pequeñas los animales se van volviendo más pequeños con el paso del tiempo. Si tienes que quitarte de encima a un águila arpía que quiere comerte, vale la pena ser grande. Pero si eres grande, necesitas más comida y más agua para mantenerte vivo.

En un sitio pequeño, con comida limitada, quedarse pequeño es la mejor opción. El perezoso enano, a lo largo de las generaciones, se adaptó a los límites que su nuevo entorno le presentó. Todos los animales, las plantas y los microbios viven dentro de un sistema, el ecosistema, que está hecho para aprovechar la energía del sol y convertirla en vida. Los árboles y las lianas colectan la luz con sus hojas y la usan para producir bosques donde los animales pueden vivir, formar familias y comer. El bosque crecerá hasta donde los límites que impone el ambiente se lo permitan. Los señores del bosque son los árboles, y cada árbol crecerá hasta llegar a su tamaño ideal o hasta donde se lo permita la luz, agua y tierra que haya disponibles. Las poblaciones de animales no podrán crecer más allá de lo que el espacio y el alimento que proveen las plantas y los otros animales se lo permitan. El bosque tropical tiene maneras de maximizar estos límites, aprovechando los materiales disponibles a través de sistemas de reciclaje. Por ejemplo, cuando un árbol deja caer una rama, la rama es inmediatamente atacada por insectos y hongos, que la dividen en pedacitos y la reciclan en forma de tierra y nutrientes.

Lo que nosotros llamamos “el sistema” también absorbe energía, produce comida y construye lugares donde vivir y formar familias. Tanto el capitalismo como el socialismo, en sus diversas variantes, basan su existencia en el crecimiento económico, también conocido como “desarrollo”. El Banco Mundial, y en general todos los economistas ortodoxos, cuando quieren decir bienestar, hablan de “desarrollo”, es decir, crecimiento.

¿Hasta dónde puede crecer la economía? ¿Será que la economía de los países y del mundo puede crecer siempre? ¿Será que una economía puede existir sin crecer?

La respuesta a la última pregunta es sí. No todas las economías tienen que ver con crecer. Un pueblito rural en la montaña, por ejemplo, puede tener un sistema donde el bienestar está en tratar de trabajar lo menos posible para vivir cada vez más cómodo. Eso requiere aprender a hacer las cosas mejor, aprovechar todo y no tirar nada, producir más comida en el mismo espacio y tener mejores relaciones entre vecinos. Progreso, en el pueblito de la montaña, significa vivir bien, como en muchos ayllus de Bolivia o en ecoaldeas de todo el planeta. (Ver el Buen Vivir, repensar el desarrollo)

Pero entonces, ¿cómo se calcula el crecimiento económico? A la hora de hacer números, los economistas usualmente no toman en cuenta la producción de desechos, como basura o contaminación atmosférica, ni los efectos de los materiales tomados de la naturaleza. Eso en economía se llaman “externalidades”, es decir, las cosas que no hay que pagar, aunque cuesten.

Los efectos de la minería, la deforestación o la extracción petrolera no aparecen en la contabilidad de las empresas ni de los ministerios de economía. Muchos de estos costos serán cobrados por la naturaleza a la generación siguiente, o a la que sigue. ¿Cuánto vale un río sano? ¿Cuánto le cuesta al mundo una cultura que desaparece para siempre? ¿Cuánto cuesta un clima disfuncional? ¿Será que a la hora de tomar en cuenta los verdaderos costos los números seguirán saliendo igual?

Además, ¿cómo hacemos para cobrarle a nuestros abuelos muertos los costos ecológicos que provocaron con su crecimiento ingenuo?

 

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