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Columnas de opinión Colombia

De como los dueños de siempre y los nuevos ricos mafiosos representan unas elecciones

martes 17 de junio de 2014 "Un voto en Colombia puede costar aproximadamente dos platos de sopa". La afirmación de Erik Arellana es tan contundente como su análisis de las elecciones que acaba de ganar Juan Manuel Santos. Elecciones que muestran la lucha entre en la casta de los dueños traducionales del país, representada por Santos, y la de los nuevos ricos, mafiosos y paramilitares lideradas por Uribe & Company

Por Erik Arellana Bautista

El año 2014 ha sido un año en el que las elecciones parlamentarias (Cámara y Senado) y las presidenciales con dos vueltas han impactado la cotidianidad de los colombianos, no tanto por quienes han sido elegidos para gobernar, sino por las historias paralelas que han sido reveladas, dichas y expuestas en torno a las mismas. Pareciera un concurso de esos tipo el Gran Hermano, o en los que se elige un nuevo cantante, o quizás una de esas telenovelas latinoamericanas de dramas insufribles tipo exportación o tal vez como alguna de las novelas del realismo mágico del recién fallecido nobel Colombiano, con flores amarillas y soledades más largas que un siglo.

Mejor aún, una mezcla de todo eso, una de esas sopas que en Colombia llaman Sancocho, en las que hierve, según la zona en la que se prepare, tanto el pollo como el cerdo o la vaca, con papa, yuca y plátano, y con las que finalmente se compran muchos votos. Un voto en Colombia puede costar aproximadamente dos platos de sopa. Hay que decir, lamentablemente, que en Colombia no existe una cultura política, a última hora se “escoge entre el menos malo”. Porque el más malo es Senador y ha sido finalmente el gran “ganador” o como lo denominó el canal de televisión History Channel, “el gran Colombiano”. Dos veces Presidente, 8 años de Gobierno (casi 12 si se hubiera aprobado el proyecto reeleccionista que logró tumbar la Corte Constitucional) donde se cometieron crímenes de lesa humanidad y violaciones graves de derechos humanos, no han sido suficientes para Álvaro Uribe Vélez, quien ahora como senador electo del partido “Centro Democrático” (realmente de ultra-derecha), busca pulir la tarea que dejó a medio hacer y que se le salió un poco del libreto, gracias a que Santos, su sucesor, no cumplió la misión como él quería y “aparentemente se reveló” hasta llegar a los insultos, las difamaciones públicas,  las denuncias sin sustento y como en las películas de mafiosos, a la  traición.

En su anterior campaña y en el discurso de posesión como Presidente, Juan Manuel Santos solo tuvo agradecimientos y elogios hacia quien denominó el mejor Presidente de Colombia, de él recibió la bandera y el poder de administrar Colombia, en el gobierno de AUV fue su Ministro de Defensa y con él hizo la guerra que lo llevó al poder. Luego se tejió una “enemistad mediática”, en donde iban y venían mensajes que desbordaban las redes sociales. El ex presidente Uribe se volvió un twitero profesional. Tenía ansias de seguir en el poder, de seguir gobernando, de seguir ordenando “la finca de ganadero” que los paramilitares habían arreglado para que el señor desfilara a sus anchas, con sus 300 escoltas y  carros blindados. Y encontró en las redes sociales y en sus herramientas su mejor aliado para hacerle “oposición” a su sucesor. Nunca antes un expresidente había estado tan permanentemente instaurado en los medios como el señor AUV.

Y del Partido de la U, Alianza de Unidad - A.U. que llevaba sus iniciales, surgió su propia disidencia, el Centro Democrático, casi queda Uribe Centro Democrático, pero como no lo lograron pusieron su contorno como logo, con su mano derecha puesta en un pecho enardecido por el odio, un corazón manchado de sangre, de inocentes por supuesto. Una larga carrera de nefastos acontecimientos acompañan la vida de este oscuro personaje, donde están mezclados como en un peligroso coctel, alianzas con narcotraficantes y paramilitares, donde la corrupción es el plato fuerte de cada día, de ello son ejemplo sus dos hijos, Tomás y Jerónimo Uribe, dueños de un gran capital económico y que los posesiona dentro de los nuevos ricos de Colombia y ese es el gran debate que envuelve esta novela, el de las élites históricas en Colombia (los dueños tradicionales de la finca) representadas en la casta de los Santos y la de los nuevos ricos, mafiosos y paramilitares lideradas por Uribe & Company, léase Centro Democrático y por  su candidato presidencial el señor Zuluaga, quien también tiene sus antecedentes en el paramilitarismo desde que fue alcalde de Pensilvania, Caldas. Se rumora en la prensa colombiana que uno de sus asesores comparte oficina con el Capo del Paramilitarismo Don Berna y que además contrató especialistas en informática para hacer “guerra sucia” contra sus opositores y escuchar de forma ilegal a algunos de los participantes en los diálogos de La Habana, según un video reciente publicado por la revista Semana. Zuluaga dijo primero no conocer al Hacker, después que sólo pasó por su oficina 5 minutos y después de hacerse público el mencionado video de su visita al Hacker dijo que era un montaje y sin embargo o gracias a los escándalos pasó a la recta final, en la carrera por el “honorable” puesto del poder en Colombia.

En la primera vuelta se presentaron candidatos de varios partidos, los conservadores quedaron en tercer lugar con la candidata Martha Lucía Ramírez, que en alianza con Zuluaga para la segunda vuelta obtuvieron mucha fuerza y además también en el congreso son mayoría. La alianza entre la Unión Patriótica y el Polo Democrático logró casi dos millones de votos y anunciaron prontamente su adhesión al candidato-presidente, los verdes tuvieron como candidato al polémico exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa y dejaron al libre albedrío a sus votantes. Todos estos quedaron rezagados y los candidatos que reunieron los votos que los llevaron a la segunda vuelta, fueron Oscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos.

Estos dos exministros del gobierno de Uribe ante la opinión pública se presentan como opositores políticos, cuando sólo son candidatos adversarios de una ridícula contienda donde no se presentaron programas políticos sino ofensas reiteradas. Además la llamo ridícula porque la abstención superior al 50% de la población, más los votos en blanco, más los votos anulados son un gran indicador de lo que significan unas elecciones que cuestan nada menos que… 900 mil millones de pesos colombianos, alrededor de 350 millones de euros, para alimentar el ego-centrismo de los participantes cual si se tratara de un Reality Show… “Yo me llamo…, Presidente!!!” 8 millones de sufragantes, es decir, el 25% de los 32 millones de potenciales electores del país, decidieron quién será el gobernante de 47 millones de personas, durante los próximos 4 años.   

El debate de los últimos días estuvo centrado en la PAZ. Si continuaba Santos, el proceso de conversaciones con las FARC seguiría, con los puntos acordados hasta entonces, incluido el de las víctimas. Una semana antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Santos y las FARC reconocieron que las víctimas tienen derechos y acordaron incluirlas en los diálogos de paz, la penúltima jugada que sumó votos en la reelección en un país con cerca de  seis millones de desplazados internos, donde las víctimas significan un gran caudal electoral.

La otra jugada maestra fue el anuncio del proceso de Paz con el ELN, otra guerrilla con más de 40 años en el monte y con más de dos mil guerrilleros efectivos. Una larga lista de intelectuales se sumó a la campaña Santista. Escritores, periodistas, incluso el Frente Amplio por la Paz en el que confluyen más de 110 comunidades, diversos partidos de izquierda y activistas sociales anunciaron su apoyo a Santos con el objetivo de apoyar los diálogos de paz y acabar con el capítulo de la guerra en Colombia. Así fue reelegido, el candidato- presidente, por un periodo de 4 años, en el que se comprometió a firmar el acuerdo de paz con las FARC. Amanecerá y veremos, el show continúa y la guerra aún deja victimas.

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