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Columnas de opinión Desde el Botxo

Desde la Avenida Central [de San José] y con la tormenta en los talones

jueves 28 de junio de 2012 Un paseo evocador, nostálgico, crítico y analítico por el centro de la capital de Costa Rica, San José.

Por Xótchil Méndez D.

Un olor a pollo con sus carnes al descubierto, a chicharrones recién puestos en la vitrina, a calle en convulsión. Es el conocido "Mercado de la Coca Cola", un centro de compras muy criollo en donde también convergen distintas rutas de autobús. Muchas de ellas te llevan a las playas más bonitas de Costa Rica. Por eso, en medio de tanta acera brocada en distintos parches y charcos se pueden ver "gringos" vestidos siempre como si caminaran en el paseo marítimo de alguna ciudad caribeña.

Vengo de los alrededores de la Embajada de los Estados Unidos. De ver caras tristes con papeles en mano y rostros alegres pensando en su paseito a Disney  o sus compras en Miami. Al estado de la Florida me recordó el panorama que se podría apreciar desde una mesa con café y empanada.  Una tormenta eléctrica azotaba las palmeras de las instalaciones norteamericanas y las sombrillas de los valientes que tuvieron que desafiarla. No he estado en Miami, Florida aún, pero mi memoria fílmica lo trajo a colación.

Sentada por ahí, recordé también la única vez que he ingresado en la "US Embassy", para una conferencia de prensa y como reportera de un periódico. Eso fue hace tiempo y desde ya hace un rato que las cosas no están bien para los periodistas tradicionales. En España se deshacen de montañas de excelentes profesionales, en Costa Rica persiste el mercado oligo-mediático, la falta de profesionalismo en la TV y la sobreproducción de periodistas. Colegas, hay que re-inventarse.

Luego de sortear semejante cúmulo de rayos y chorros de agua, pude llegar al mercado en cuestión, en la falda Oeste de la capital. La lluvia no llegaba todavía por allí, así que decidí subir a pie por el paseo de La Avenida Central. Tenemos aún poco tiempo de haber llegado a Costa Rica, una amiga por ahí me dijo que se tardaban como 3 meses en dejar de sentirse un poquito de aquí, un poquito de acá. El murmullo constante de la crisis ya no llega con fuerza por aquí, solo las palabras "rescate" + "España", muy lamentablemente.

En vez de sumirme en pensamientos de probabilidades, prefiero dejarme envolver por el ambiente callejero. "Lleve el aguacate, los tomates", "¡Bolsos para dama y caballero!", pregonan los vendedores ambulantes, que llenan la avenida con sus productos y curiosidades, todos gritan a la vez, como en una tertulia española. Y todos tienen un ojo en el posible cliente y en la llegada de la policía municipal; que decomisa su mercadería. "Lleve Madagascar, Los Vengadores..." siguen ofreciendo en mantas. Es como si el Mercado Central- a unas cuadras más arriba- extendiera sus dedos por sus cuatro salidas.  A ese barullo se le suman los vendedores de las tiendas: "¡Camisas y pantalones a mitad de precio! ¡Pase adelante muchacha!". Tientan con sus precios y música tropical a todo volumen.

La clase media baja y clase media todavía circula por el centro de la ciudad de San José. El crecimiento positivo de esta clase social en conjunto es una de las características que diferencian a Costa Rica del resto de Centroamérica. La clase media alta es muy probable que tenga carro (coche) y ya no quiera frecuentar el tejido comercial de San José centro, amenos que sea estrictamente necesario. Inseguro, desordenado y convulso, pensará. En vez de eso, prefiera frecuentar los nutridos centros comerciales que abundan en formas, tamaños y locaciones fuera del centro. Prueba de ello es la construcción de más estructuras de este tipo, cada vez más grandes y cada vez en más lugares.

Allí no se encontrará el barullo del pregón, ni tampoco la interpretación de "artistas" callejeros que cantan, tocan algún instrumento o incluso venden sus producciones musicales. Sin su música este paseo no sería igual. El personaje pequeño y arrugado de "Marito Mortadela", sigue haciendo sonar su guitarra de niño en una de todas las cuadras.  La Municipalidad de San José ha hecho esfuerzos por hacer el tránsito peatonal lo más agradable posible. El paseo de la Avenida Central es de adoquines, no tiene circulación de carros y suele estar limpio y con oficiales de policía cada tanto.  Ahora llega el olor a maní tostado y café recién molido, a frutas de temporada, una batea de jocotes hacen presencia, compraré luego un poco para que mi marido los pueda conocer.

La tormenta me pisa los talones y oscurece cada vez más el cielo. En la Plaza de la Cultura parece que nadie los escucha. Las palomas siguen recolectando todas las migajas posibles y las personas más vario pintas siguen conversando sentados en las orillas de la plaza. El Teatro Nacional me guiña un ojo; también otra tarea pendiente volver allí para escuchar buena música desde las graderías más altas y a precio barato.  La Avenida se extiende ruidosa y alegre hasta levantarse como un cuello hacia la "Cuesta de Moras" y el Museo Nacional. Yo la abandono para llegar a casa y seguir escondiéndome de la tormenta.

A unas calles antes de mi destino, las gotas caen gordas y el suelo está caliente. Pienso que nunca acá y allá se pueden parecer, no sería igual ni sería mejor. Costa Rica, como el resto de Latinoamérica tiene que mejorar y tiene buenas cartas para acentuar sus virtudes y minimizar sus faltas. Faltaría ver si tenemos carácter para ello. Entre tanto disfruto el aire fresco de este veranillo de San Juan que medio llegó  y observo a un señor que lleva una carga de almohadones multicolores que solo dejan ver sus pies. Toca puerta a puerta: "Buenas, señora, le vendo almohadones para sus chiquitos".

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