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Columnas de opinión El Reino de la Barbaravilla

El festín de la 'propaganda negra'

domingo 09 de octubre de 2011 Las más sucias estrategias de comunicación están al orden del día para las próximas elecciones en Colombia, el 30 de octubre próximo, para las cuales hay más de 100 mil candidatos en todo el país. Se escogerán gobernadores, alcaldes, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales.

Por Juan Gonzalo Betancur

El menú está servido y es posible que muchos lo estén consumiendo sin saber que intoxica. El plato fuerte es variado: rumores, exageraciones, acusaciones, manipulación de imágenes, mentiras por aquí y por allá, declaraciones venenosas, hechos que se crean y se presentan como si fuera “noticia”… La lista puede ser tan larga y diversa como la imaginación quiera.

Y en estos días en que las campañas políticas están en todo su furor, con 101.409 candidatos inscritos en todo el país para las diferentes corporaciones públicas, la cosa se pone complicada. Porque la propaganda negra es una estrategia de comunicación que resulta muy funcional a los candidatos que la emplean, tipos de dudosa reputación, sin duda: sirve, más que para darles votos, para quitárselos a sus oponentes.

Funciona de manera simple: se propagan de manera anónima comentarios negativos, rumores o mentiras para desprestigiar a quien se quiere atacar. Hoy se usan mucho las redes sociales, correos electrónicos masivos e invasivos, pero también los volantes, panfletos y publicaciones en cuanto medio es posible, como siempre ha ocurrido. No es solo patrimonio de lo escrito ni lo verbal, es también asunto de lo audiovisual y lo multimedial.

La propaganda negra se define como aquella en la cual el emisor está oculto o falsificado, y cuyo mensaje es también falso. Por eso quien la emplea puede negar de forma rotunda que lo haga, mientras al afectado le queda casi imposible comprobar con certeza quién es el responsable; puede que tenga buenos indicios, pero pruebas pruebas, muy poco. La base de su éxito es precisamente esa: su capacidad de expansión como mensaje y el camuflaje del autor.

El escritor Mark Twain decía que “una mentira puede dar media vuelta al mundo mientras la verdad se pone los zapatos”. Lo hacía para señalar el poder expansivo brutal que ella tiene, la cuales es, casualmente, el principal alimento de este tipo de propaganda.

Pero el problema quizá más complicado ocurre cuando un medio de comunicación masivo o un medio unipersonal (la difusión en una red social, por ejemplo), publica los mensajes de propaganda negra, ya que de inmediato legitima su contenido.

Aunque se le asocia con regímenes totalitarios y seres oscuros, la han empleado por igual personas, grupos y gobiernos sin escrúpulos, desde aquellos con fama de muy prestantes hasta otros vulgares mentirosos. Y ha servido para cosas nefastas, desde justificar guerras hasta aplastar a los demás en unas elecciones.

Los devotos seguidores de la propaganda negra –hay uno experto rondando desde hace semanas en Medellín– se preparan con todo para atacar, arman grupos calificados para hacerlo y no se miden en nada. No son inocentes chicos que actúan sin mala fe.

La ética no es precisamente una de sus virtudes y están supeditados a los fines sin importarles los medios. Antes de soltar un mensaje envenenado lo sazonan y aliñan como si se tratara del más rico alimento, aunque aquí intoxica las mentes y los corazones.

¡Claro que la propaganda negra se utiliza con fuerza en la actual campaña política para atacar ideológicamente, así muchos lo nieguen! En ese sentido, ella es como las brujas: dicen que no existen, pero que las hay, las hay.

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