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Columnas de opinión Panamá

Para recuperar el sentido del 9 de enero de 1964

martes 07 de enero de 2014 "¿El Canal es nuestro? ¿La ex Zona del Canal es nuestra? ¿Se puede hablar de “ex” respecto a la Zona del Canal? ¿El país es nuestro?..." Estas son algunas de las preguntas que se hace sin ingenuidad alguna Ramón Benjamín en un texto en que analiza el secuestro por parte de las élites del nacionalismo en Panamá.

Por Ramón Benjamín

El 9 de enero de 1964 es el punto más alto de la lucha por la liberación en Panamá, que encuentra varios hitos de resistencia popular a la presencia militar y las constantes intervenciones que los Estados Unidos de América realizaron en apoyo a la élite con nombre y apellido de la ruta interoceánica. Pienso que luego de 1964, hace 50 años, comenzamos a perder el camino avanzado hasta esa fecha.

En 1968 se produce el golpe militar que más allá del mito posterior, es permitido en un país ocupado militarmente por el ejército estadounidense. Se desarrolla luego un proceso que lleva a la firma de los Tratados de 1977, tras atacar, desarticular o cooptar en gran medida los movimientos populares. Este período degenera en el narcogobierno de Noriega y concluye en la invasión de 1989.

El período pos invasión transcurre entre la esperanza de la reversión el 31 de diciembre de 1999, la desmovilización de amplios sectores y la reactivación de algunos movimientos que cargando el lastre de la descomposición social del período 1968-1989 enfrentan la imposición del modelo neoliberal.

Han pasado 14 años desde la reversión y todos los panameños, incluso aquellos que por algún motivo no quieren ver, sabemos dónde estamos. A todo esto, la élite que descabezó la lucha popular de Victoriano Lorenzo en mayo de 1903, semilla de otro país posible, ha pasado más de un siglo no solamente impune, sino rentable. 

Durante toda este período, con altibajos y matices, ha dominado el discurso nacionalista, pero con sentidos distintos antes y después de 1964. El mismo discurso legítimamente enarbolado por la población panameña y los mártires del 9 de enero de 1964, fue empleado por la dictadura militar e instrumentalizado hasta su punto más bajo en el período de Noriega. 

Ha seguido siendo usado  por la élite que se ha sucedido en el poder a través de todos los gobiernos pos invasión: el Canal es nuestro, somos soberanos, lo logramos, en una versión local del fin de la historia.  

Visto así, el problema es que perdido el sentido original, que alcanza su punto máximo en 1964 y se vincula con el proyecto de país posible traicionado en mayo de 1903, seguimos asumiendo y expresando este discurso de manera acrítica, sin  identificar cuándo y bajo qué condiciones pasa de ser estrictamente una legítima reivindicación popular para ser un instrumento en el arsenal ideológico de los grupos económica y políticamente dominantes, quienes imponen sus intereses de clase como interés nacional a través de sus partidos, medios e instituciones que repiten hasta el cansancio que “el Estado somos todos”.

El resultado concreto es que se consiguió transferir la administración del Canal y sus tierras aledañas a "manos panameñas", si por panameñas entendemos fundamentalmente la élite de la ruta que en asocio a los Estados Unidos de América descabezó la lucha popular y propició la creación de la Zona del Canal a inicios del siglo XX.

Pregunto, hoy: ¿El Canal es nuestro? ¿La ex Zona del Canal es nuestra? ¿Se puede hablar de “ex” respecto a la Zona del Canal? ¿El país es nuestro? ¿De hecho, quiénes somos nosotros frente al "nosotros" que incluye explotadores y explotados, evidentemente distintos desde 1903 aunque visiones idealistas del país quieran ponernos la misma camiseta “todos juntos por Panamá”? ¿Somos soberanos, quiero decir, nosotros, y no “nosotros”? ¿Antes, qué significa soberanía? ¿De qué manera el proceso de liberación llevado hasta 1964 fue desviado y sus ideales de soberanía y justicia fueron desvirtuados? ¿En qué sentido entonces debemos recuperar los objetivos de soberanía y justicia, acorde con aquellos enarbolados en 1964 y en conexión directa con las nuevas realidades del país, descartando las instrumentalizaciones posteriores al 9 de enero?

Anoto, hoy:

  • La progresiva privatización de las tierras y aguas de todo el país.
  • El pretendido monopolio de la política por la élite y sus empleados.
  • La falta de toda justicia, desde la Corte Suprema de Justicia hasta las violaciones de derechos en las comunidades, todas en favor de la élite o sus socios.
  • La falta de soberanía en la práctica, desde la política y económica visible en la arena internacional, hasta la soberanía alimentaria.

Todos estos temas, entre otros, son propicios para la reflexión a 50 años del 9 de enero de 1964, para recuperar y actualizar sentidos, para definir nuestra dirección y nuestros espacios de acción política que debe ser permanente. Pero también, empezando en lo inmediato  con nuestra posición en la coyuntura electoral, respondiendo de manera honesta y consecuente a la pregunta a quién no podemos seguir apoyando, por sus antecedentes y sus planes, por haber desviado el sentido original y desatender los sentidos actuales de la reivindicación.

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