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Columnas de opinión Muerto (de la risa)

Vergüenza

sábado 06 de agosto de 2011 En España, el sistema muestra su verdadero rostro. Acá, Paco Gómez Nadal se hace unas cuantas preguntas al respecto.

Imagen de la detención del periodista Gorka Ramos, de La Información

Imagen de la detención del periodista Gorka Ramos, de La Información

Por Paco Gómez Nadal

Vergüenza

 

Por Paco Gómez Nadal*

Cómo se escribe la palabra vergüenza, con qué vocablos se puede describir el profundo dolor de ver una realidad que parece una ficción, de qué manera se compone la crónica de la realidad verdadera –no la de los mitos fundacionales, los cuentos de gnomos o la historia del amor universal…-…

Me ha recorrido un latigazo la ver las imágenes de las descargas policiales  frente al Ministerio del Interior de Madrid; he vivido la ubicuidad de este sistema tan igual en todas partes y tan mentiroso en éstas. Soy de la generación de la tierna democracia, de los que tuvimos que escuchar de los “compañeros” del PSOE que no había que tomarse la calle, que en democracia todos importábamos, que “siempre” hay cauces democráticos para expresar el desacuerdo, el disenso. También soy un periodista que en febrero, junto a otra colega, fue detenido, golpeado, esposado y procesado sin garantías por cubrir una protesta y por ser observador de la violación de derechos humanos. El Gobierno, para justificar nuestra arbitraria detención dijo que “extranjeros estaban instigando” protestas que ponían en riesgo la seguridad nacional.

¿Les suena? Pues no fue en Madrid, el comunicado no es el de la Confederación Española de Policía (CEP) y los protestantes no eran indignados con las manos arriba y lemas que rozan la inocencia, sino indígenas en defensa de sus casas y sus tierras en un país tan antidemocrático como Panamá. Lo que está ocurriendo en España no difiere. Y quizá, solo quizá, sea bueno para mostrar el verdadero rostro de esta “democracia” ideal, que vendimos en dosis generosas a los países del Este y a Latinoamérica –“la Transición española es modélica”, decían-, que se permite dar lecciones a diestro y siniestro y que presume de ser inclusiva.

Una buena parte de los españoles son ajenos a estos procesos tan alarmantes. Veranean en el eterno estío del bienestar sin sospechar si quiera que quizá se les acabe a todos. Así suele ser: la exclusión y la violencia institucional sólo tiene éxito cuando la mayoría de los ciudadanos considera que el asunto no va con ellos. Así pasó durante el franquismo, así pasó en Chile, así pasa en Libia o Israel, así acontece en China o en México.

La palabra “democracia” ha sobrevivido a todas las turbulencias de esta globalización mentirosa. Es lo único sacrosanto que nos queda. No es cuestionable, no es matizable… no hay nada que hacer. Los miembros del 15M, en innumerable entrevistas, llevan cuidado en aclarar que “no son antisistema”, que “no cuestionan la democracia”, por si acaso pisan el callo sagrado.

No es democracia y no lo va a ser. No es democracia porque no hay un sistema político que la sustente. No es democracia porque nadie nos ha preguntado. No va a ser democracia porque, si lo fuera, los que mandan a los policías a hacer el trabajo sucio perderían el poder.

*Periodista y activista de HREV

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