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Antorchas contra la destrucción

domingo 17 de julio de 2011 El patrimonio está en riesgo en ciudad de Panamá. El Dubai de las Américas, como gusta llamar a su país el presidente Ricardo Martinelli, está a punto de rodear el Casco Antiguo con una autopista. La sociedad civil salió a protestar pero la polarización del país es evidente y ha sido provocada por el Gobierno.

Por José Arcia

Desde que el gobierno de Panamá, encabezado por el millonario Ricardo Martinelli, anunció la construcción del proyecto vial conocido como la tercera fase de la cinta costera que afectaría la zona colonial de la ciudad capital, mucha agua ha pasado por debajo del puente. La última corriente se vio el pasado sábado, cuando los opositores del proyecto realizaron una marcha para manifestarse en contra de la obra porque implica la construcción de una carretera costanera (rellenar fondo de mar) rodeando el Casco Antiguo, declarado patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1997.

Fueron unas 300 personas de distintas zona de la ciudad capital que se agruparon en la plaza Herrera, del Casco Antiguo, para iniciar una marcha por el sitio colonial con antorchas encendidas. Recorrieron las empedradas calles del sitio hasta llegar, primero, a la plaza de Francia, en honor a la fracasada intención de los franceses de construir el canal de Panamá. Allí realizaron un pequeño mitin en contra del relleno que pasaría justo al lado de esta plaza, donde en la actualidad hace límite con el mar. Luego reiniciaron la marcha, en la que gritaban consigan en contra del proyecto: “no al relleno de nuestro mar”, “esta cinta es corrupción”, “este mar es panameño y no para el relleno”.

El gobierno de Martinelli impulsa esta obra a todo vapor, incluso, en contra de la voluntad de la Unesco que ha solicitado la suspensión de la obra y así lo dejo por escrito en su informe de la última reunión anual del organismo el pasado mes de junio. A pesar que dos representantes del Gobierno (el ministro de Obras Públicas, Federico Suárez y la directora del Instituto Nacional de Cultura, María Eugenia Herrera) estuvieron en la reunión y fueron testigo de la decisión de la Unesco, Martinelli avanza en el desarrollo del proyecto.

Para sumar voces a su favor, Martinelli ha recurrido a la polarización y al discurso clasista. “Quienes se oponen al proyecto no quieren el progreso para Panamá” o “los que se oponen son unos rabiblancos (ricos) que defiendes sus intereses” han sido parte del discurso del mandatario.

Este discurso salió a relucir el pasado sábado. Mientras que los opositores al relleno por el Casco Antiguo se organizaban en la plaza Herrera, otro grupo hacía lo mismo en la plaza de la Independencia (Catedral) para manifestarse a favor de la obra. Esta manifestación era integrada por residentes de bajo recursos del sector que históricamente han defendido la declaración de patrimonio de la humanidad del Casco Antiguo. Ahora, alegan que nos le interesa ese valor universal porque han sido los propios dueños de inmuebles los que han hecho que el Casco Antiguo pierda su condición de patrimonio de la humanidad.

No están lejos de la realidad. En la zona existen inversionistas que han desarrollado proyectos de restauración que han violado las normas que rigen en el sector. Sin embargo, los defensores de la tercera fase de la cinta costera no aclararon que esos dueños de inmuebles también apoyan la obra.

La Unesco espera un estudio técnico del proyecto que debe presentar el Gobierno antes de febrero de 2012 y ha manifestado que de que construirse el relleno el Casco Antiguo perdería la declaración de patrimonio de la humanidad.

Quienes se oponen al relleno han conformado el Frente Nacional para la Defensa del Patrimonio Histórico, Natural y Cultural y han presentado una propuesta alterna al relleno, que busca revitalizar tres corregimientos de la ciudad capital, influenciado por el Casco Antiguo: El Chorrillo, San Felipe y Santa Ana.

Las personas que apoyan la tercera fase de la cinta costera han creado la Asociación de Residentes de San Felipe.

 La conservación del sitio histórico no une a los panameños, el Gobierno se encargo de dividirlos. 

 

 

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