El Blog de la Ruta

Guayana vibrations

Miércoles 31 de agosto de 2011 - Cuando se pisa (literalmente) un país hay vibraciones que se transmiten de inmediato. Guayana es uno de esos lugares que es Caribe porque sí. Tiene una mezcla étnica similar a la de Surinam, pero su ritmo es Caribe, para lo bueno y para lo malo.

Por Paco Gómez Nadal

Me imaginaba que Guayana no era tan ordenada ni tan ‘pacífica’ como Surinam. No me equivoqué. Al poner el pie en el atracadero del ferry que une los dos países, un enjambre de conductores cae sobre uno para ofrecerle transporte y la nube de polvo que provocan no te abandona hasta un buen tiempo después.

Hay otro sonido aquí. Las voces se elevan por encima del rumor del tiempo y los silencios son tan escasos como el orden. El camino entre Springland (frontera ribereña con Surinam) y Georgetown (unas 3 horas en microbus) está flanqueado por casas en un 80% y la conducción deja de ser temeraria cuando es practicada del mismo modo por la mayoría.

Ya en Georgetown el caos vehicular es monumental. A veces dudo de si realmente conducen por la izquierda porque los carriles se disuelven en este magma de carros, vendedores ambulantes, música, gente, comida…

Georgetown es una ciudad Caribe. Su energía es brutal, suena a reggae y huele a fruta recalentada en los puestos callejeros y a arroz conjugado en todos sus tiempos. Es cierto que está más destartalada que Paramaribo. También es cierto que su actividad es más frenética.

Hay un mercado oficial de hermosa arquitectura, pero todo el centro de la ciudad es, en realidad un mercado.  Debajo de la avenida de la República y sobre el canal de Lamaha, en Regent Street… los puestos se apelotonan.. se vende de todo, y las voces de los vendedores solo son sofocadas por los de los ayudantes de los transportistas que llevan la ‘guerra del centavo’ (la lucha por conseguir clientes) a límites que rozan el altercado.

Como todas las grandes ciudades de la región, Georgetown está al pie de un río, en la desembocadura del Essequibo, y eso la hace puerto de mar y de río, imán de viajeros, lugar de buscavidas, algo de frontera a pesar de estar lejos de ella, algo de abandono, mucho de suciedad, toda la vida en la calle, a la vista, sin pudor.

Guayana tiene una historia tan compleja como este Caribe explotado y maltratado por las potencias de occidente. Primero holandesa (hasta 1815), después británica, Guayana no consiguió su independencia hasta 1966 y, desd eentonces, no ha logrado sacudirse del todo de los conflictos que mezclan política y diferencias étnicas en un pais donde el 43% de la población proviene de la India, el 30% es afrodescendiente y el resto es una colcha de retazos que mezcla población originaria (un 10%), javanesa, china...

Lo fronterizo siempre está al límite y Guayana parece ser una frontera en sí misma. Venezuela le quiere comer parte del territorio por el oeste, Surinam por el este. Y este país, mucho más aislado que el resto de los que hemos visitado, parece hacerse el loco y juega tanto en Unasur como en Caricom.