El Blog de la Ruta

La ciudad ‘fantasmoespacial’

Sábado 20 de agosto de 2011 - No se si llamarla ciudad, no sé si existe, ni sé si, realmente, yo estoy aquí. Kourou debería llamarse Fort Kourou y dejar de ser ciudad para convertirse en área residencial militar y espacial francés. ¿por qué será que empiezo estar ansioso por llegar a Surinam?

Por Paco Gómez Nadal

Ayer, uno de mis ángeles de la guarda torció el gesto cuando le pregunté dónde está el centro de Kourou. “Siempre hay centro, puede que esté degradado, venido a menos, pero siempre hay centro”, respondí yo lleno de sapiencia viajera. “No, aquí no… bueno hay varios centros”. Y me explicó Beatrice que lo más parecido a “centro” era una pequeña concentración de tiendas, farmacias y demás. Atribuí yo a la blancura de Beatrice (similar a la mía) y al hecho de que su marido sea uno de los militares destinado a Guayana Francesa, el despiste. Así que, armado de optimismo, arranqué esta mañana, a las 7:40, en busca de la ciudad.

Bueno, pues tenía razón. No existe. He caminado bajo un semisol abrumador y flotando en esta humedad perenne durante 4 horas y no la he encontrado. Me explico: hay casas, hay calles, pero no hay gente caminando, ni plazas públicas, ni lugares de encuentro –más allá de las tiendas de chinos que son lo más parecido a la vida que he visto-.

Kourou se me hace como un Panamá durante la ocupación gringa pero sin vallas (aunque algunas hay). La comunidad, de unas 30.000 personas, vive en función de la cercana Central Espacial y es como el otrora Fort Clayton (junto al Canal de Panamá) pero, donde además de soldados, legionarios y funcionarios franceses, están salpicados los afrodescendientes e indígenas que trabajan en asuntos menores (limpieza, servicios, etcétera) o viven del humo de los cohetes.

La Central es operativa desde 1968 pero su historia es la de un ir a más: primero, cuando se decidió que la Agencia Espacial Europea la utilizara para los lanzamientos de los Ariane; mucho más ahora, con el acuerdo entre europeos y rusos para enviar los Soyuz 2 desde Kourou. “Euros amigo, muchos euros… la mayoría se quedan en la metropol pero acá también… ¿dónde ha visto en Suramérica tantos Audis y tantos Mercedes? Jajajaja”. Luis, un inmigrante peruano, resume el proyecto espacial así apurando una cerveza en esta amanecida de sábado a la puerta de uno de los chinos con más ‘ambiente’

Se ven casas de lujo de estilo tropical, zonas aisladas donde viven los militares y legionarios franceses salpicadas con edificios de pocas alturas donde viven los locales. Poco más. Sí… la gendarmería, la alcaldía, dos o tres oficinas bancarias, pero todo prefabricado, sin la pátina de la vida, como si una brigada de profilaxis hubiera pasado recientemente por aquí. Sólo contradicen este paisaje anodino los tres o cuatro loquitos sin hogar que deambulan y me hacen compañía por las calles y las noticias que cuentan que hace cinco días jóvenes excluidos de un barrio de los suburbios reventaron las urgencias hospitalarias como gesto de rabia tras la muerte de un adolescente al que llevaron agonizante después de haber recibido un par de tiros.

Definitivamente estoy en una colonia (Las formas de la colonialidad) y no hay más vueltas que darle. No hay normalidad cuando es otro el que controla tu destino.

Mañana espero salir de acá, algo casi imposible si no se tiene carro o se ha alquilado uno. Después de numerosas gestiones con vehículos que vienen desde Cayena y que van hacia Saint Laurent, en la frontera con Suriname, parece que lograré encaramarme a un taxi colectivo en un punto de la ruta. Es evidente que Guayana Francesa es francesa solo para algunas cosas: la ausencia de transporte público y las dificultades de movilización por la única carretera del territorio (la N-1, construida por presos franceses condenados a trabajos forzados) no se ve ni en el país con más problemas de desarrollo de toda Latinoamérica.

En conclusión. A Kourou puede querer venir alguien para visitar las cercanas Islas de la Salvación (De visita en el infierno) o para ir al Eurodisney de los cohetes, pero dudo que nadie quiera quedarse.

Kourou… Adieu, je suis impatient de Surinam