Opinión

Por la fuerza de la razón: Patagonia sin represas y sin carbón

Jueves 15 de diciembre de 2011 - Las comunidades de la Patagonia chilena están en pie de lucha por dos megaproyectos que amenazan su ambiente y su pervivencia. Andrés Gillmore, uno de los líderes de la resistencia patagónica explica las razones que los asisten.

Por Andrés Gillmore

Para la Patagonia chilena -tanto para Magallánicos como para ayseninos-, estos no son buenos momentos. Son tiempor de opresión y disgusto que han marcado en el último tiempo el acontecer diario de estas dos regiones vitales para Chile. Regiones tan parecidas en cultura y formas de hacer, hoy ensimismadas luchando por sobrevivir ante la intervención de las grandes transnacionales, que han obligando a sus habitantes a organizarse ante la intención de las compañías de implantar megaproyectos energéticos en sus territorios. En ello están: PATAGONIA SIN REPRESAS y ALERTA ISLA RIESCO son organizaciones ciudadanas por la defensa de estos territorios ante proyectos que, a pesar de haber sido aprobados, no tienen las condiciones necesarias para llevarse a cabo y ser puestos en ejecución. Esta situación ha provocado que se tengan que desarrollar estrategias por parte de los habitantes de los propios territorios para defenderse y hacer valer sus derechos en contra de estos grandes poderes internacionales, interesados en los recursos naturales de la Patagonia chilena y en usufructuarla económicamente a como de lugar, sin considerar a sus comunidades y su proyección cultural y económica.

Los intereses de estas empresas son, lamentablemente, avalados por el mismo gobierno de Chile, a pesar de las enormes irregularidades con las que cuentan, que apuesta por una vía sin destino y que no va de acuerdo -en ningún modo- con las culturas y las naturales aspiraciones económicas, sociales y culturales que estas comunidades tienen para desarrollarse y aspirar a mejores condiciones de vida. El Gobierno apoya a empresas que solo buscan el beneficio económico aunque para ello destruyan la vida de las personas.

Por un lado, tenemos el caso HidroAysén, que desde hace seis años tiene a la región de Aysén en ascuas por parte de la transnacional ENDESA [española], asociada con el grupo chileno Matte y Colbun, intentando intervenir los ríos Baker y Pascua en la cuenca del Baker, para generar electricidad y venderla a la gran minería del norte del pais. Por otro lado, tenemos a los empresarios privados Angelini, Von Appen, asociados con la transnacional COPEC, intentando ejecutar el proyecto Mina Invierno en Isla Riesco en Magallanes, pretendiendo sacar carbón de muy baja ley, con un procedimiento obsoleto, a pesar de no reunir las condiciones mediombientales exigibles por ley para hacerlo.

Los dos proyectos tienen puntos en común que sorprenden y revelan su verdad y que han unido a estas dos regiones de Chile, sobre todo para los que vivimos en las zonas que pretenden ser intervenidas. Si no hacemos nada, permitiríamos la destrucción de nuestras vidas y de la proyección a la cual tenemos derecho como habitantes de los territorios.

En PRIMERA instancia, los dos proyectos son totalmente destructivos para el ambiente en que pretenden ser emplazados, destruyendo la flora y fauna del lugar, y toda una forma de hacer en la cual las comunidades han basado su proyección, no solo económica sino de vida. SEGUNDO, los dos proyectos son de carácter privado y responden más a grandes negocios con grandes ganancias que a las necesidades reales de un país en busca de un desarrollo sustentable en materia energética. TERCERO, las dos transnacionales pretenden llevarlos a cabo con tecnologías obsoletas, que no responden a la modernidad y son, sin lugar a dudas, un verdadero retroceso en materia de generación energética y de desarrollo. CUARTO, las dos intenciones han tenido evaluaciones ambientales precarias y en los dos casos hasta se han falsificado informes para sacarlas adelante, sin garantías reales de que se han cumplido con los protocolos establecidos por ley. Con estudios de impacto ambiental presentados por las propias empresas interesadas que, aun así, han tenido con muchas observaciones, grandes omisiones y lagunas de las verdaderas consecuencias para los habitantes y sus procesos productivos. Sus propios estudios han puesto en tela de juicio los verdaderos alcances contradictorios que significarán los proyectos una vez en operación. QUINTO, los dos proyectos han gastado fuertes sumas de dinero -sobre todo el de HidroAysén- para decirle a la opinión publica que cuentan con tecnología de punta con los más nuevos procedimientos de la ciencia y que son un beneficio para el país, pero, a pesar de todo esto, innumerables científicos y profesionales del área, con años de experiencia en la materia, con diferentes posgrados y doctorados en prestigiosas universidades, han puesto en duda los proyectos con razones de excelencia, sustentados en estudios comparativos que aducen todo lo contario. SEXTO, los dos territorios pretendidos por estas transnacionales han fundamentado su economía en el turismo de intereses especiales y la ganadería productiva de extensión, que con los proyectos energéticos pretendidos serán destruidos totalmente y para siempre, transformándo territorios que hoy son un oasis y reserva de vida en territorios contaminados y deteriorados nivelándolos con otras zonas del país que ya están así por malas políticas. SIETE, los habitantes y los territorios que serían intervenidos por estos proyectos sufren importantes discriminaciones por parte de las autoridades y de las empresas porque a estas dos regiones no se las ha tratado con el debido respeto y consideración, como regiones en igualdad de condiciones con el resto del país.

"Esta generación no está dispuesta a sacrificar el país y a su propio futuro por malas decisiones de los gobernantes"

El carbón de Isla Riesco es de un tipo sub-bituminoso tipo b y c, de mala calidad, de poco poder calórico en comparación con los carbones que se usan hoy en día para alimentar las termoeléctricas del norte. Este carbón es menos eficiente, con altos niveles de mercurio que no están dentro de los rangos permitidos para la salud humana según la legislación chilena, que causarán malas formaciones congénitas y, a pesar de ello, el Consejo de Ministros no vio motivos para parar el proyecto, generando dudas y rebeldía no solo a los habitantes de estas regiones, sino al resto del país, que entiende que este proyecto, al igual que HidroAysén, no pueden ser aceptados por una generación que no está dispuesta a sacrificar el país y a su propio futuro por malas decisiones de los gobernantes. 

El tema de los costos comparativos también es un tema primordial que no podemos obviar en el asunto de la generación eléctrica y de la posible estrategia futura que se debe abordar en el país, si se quiere una proyección de calidad, demostrando que las energías alternativas renovables son una vía interesante y concreta, donde la energía eólica, geotérmica y la biomasa ya son competitivas, que la solar para el año 2020 lo será. Lo único que falta realmente es una determinación por parte del Estado, con políticas serias y objetivos claros, que estimulen y marquen el rumbo. Hoy, el modelo energético está centrado en generar ganancias económicas a las transnacionales y en ningún caso a desarrollar al país con estrategias energéticas que den un beneficio real a los chilenos y chilenas y hagan mejoras en su calidad de vida.

 

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